Posteado por: Benjamin | 3 diciembre, 2010

Mamá, lo perdí todo en las carreras …

… pero no te angusties: lo recuperé todo en el casino. Afortunadamente, no es más que una broma; o una exageración de la realidad, ya que sí es cierto que el saldo en dólares resultó negativo tras la visita al hipódromo de Happy Valley, en Hong Kong, y favorable después de pasar por el salón de tragaperras más grande que he visto jamás en el Casino Gran Lisboa, de Macao. Y, a pesar de que ciertas amistades y parentela hayan advertido la presencia de algunos rasgos en mi personalidad tendentes a la ludopatía desde mi tierna niñez, habéis de saber que fuimos comedidos y analíticos a la hora de apostar, depositando nuestra fe y parné en caballos con nombres tan evocadores como Caga Boy, Mi Güisqui o Dragón Gordo (paradójicamente, éste ultimo era poseedor de las mejores marcas de velocidad punta). Hemos de confesar, por otro lado, nuestro completo desconocimiento del funcionamiento y lógica de las saca-cuartos de nueva generación – esta vez en el casino – en las que la interacción hombre máquina está tan desvirtuada que únicamente hay que limitarse a pulsar botones al tuntún – o al menos eso hicimos nosotros – hasta que las luces y contadores se resetean cual maquinaria de quirófano certificando la pérdida del paciente. En fin, nos lo pasamos genial en ambos templos de la frivolidad – sin duda el brote psicótico del que toda la grada era víctima durante los últimos metros antes de que los caballos contendientes cruzasen la línea de meta fue lo mejor.


Éstos han sido sólo dos de los parrafos en el capítulo que estas anomalías históricas injertadas a base cirujía politica – Hong Kong y Macao – en un anfitrión con cierto síndrome de rechazo hacia los nuevos órganos – China – han representado en el libro de nuestro viaje. Son muchas las diferencias que separan a los habitantes de las ex-colonias con sus vecinos acólitos de Mao. En lo que concierne a la escritura, por ejemplo, no deja de ser alegórico el hecho de que los chinos continentales utilicen la variante ‘simplificada’ (inventada por los comunistas para que la caligrafía fuese más accesible a las clases menos cultas) en contraste con la variante no simplificada o tradicional que se utiliza en Hong Kong y Macao. ¿Será que ese afán simplificador fue más allá de la grafía e hizo mella en la mentalidad y forma de ser de los chinos continentales hasta convertirlos en los ciudadanos faltos de crítica y llenos de tabúes en los que se han convertido? ¿Son los hongkoneses más abiertos y liberales? La respuesta es: sí y no. Evidentemente, son una comunidad con un marcado sentimiento identitario fundamentado en las diferencias con sus vecinos desarrolladas durante el dominio británico de la zona, que les hacen sentirse, de alguna manera, superiores a los chinos. La libertad de expresión y manifestacion existe, el caos no es el pan nuestro de cada día y raramente se ve gente echando gapos. Todo parece más civilizado – aunque no me gusta utilizar esa palabra: occidental convendría mas. Pero en lo referente a la Democracia seguimos teniendo el mismo feedback que con los chinos: no está entre sus prioridades desarrollarla. Sus mandatarios han de contar con el visto bueno de Pekín, al igual que desde Londres se dictaban los designios de la colonia con anterioridad. El acto de cesión no ha sido un paso significativo en ese aspecto; en mi opinión la diferencia sólo es perceptible en que en lugar de la Union Jack ahora ondea la bandera estrellada.


Existe todavía una comunidad importante de súbditos de Su Majestad que residen permanentemente en Hong Kong, aunque parecen vivir en una realidad paralela, con sus propias escuelas, sus propios negocios y su propia red social en la que la relación con los hongkoneses es más parecida a la que podemos tener cualquiera de nosotros con el vecino al que tan sólo saludamos cuando nos lo cruzamos en la escalera. Ni se molestan en aprender el idioma local. Como el aceite y el agua. La receta para llegar a lo que hoy se conoce como HKSAR (Hong Kong Special Administrative Region) es la siguiente: imagínate una pequeña isla cloaca con apenas una decena de asentamientos de pescadores (Hong Kong Island) con una gran montaña en el centro (Victoria Peak); añádele al norte una península con forma de pico intentando clavarse en ella (Kowloon) con un enorme cinturón de los más variados vegetales en su parte más septentional (Nuevos Territorios), separados por un chorrito de agua salada (Victoria Harbour); espolvorea unos cientos de pequeñas islas recónditas dignas de acoger los más famosos tesoros piratas y, tras sazonar la región con cantidades ingentes de opio e intereses espúreos, deja que se cueza a fuego lento unos 150 años a temperatura colonizadora. Y ya tienes el engendro.


Nosotros pasamos tres semanas viviendo en un pequeño pueblo de los Nuevos Territorios – como ya contó Marichi en el post anterior – y, siempre que podíamos, nos cogíamos, por este orden, bus, tren y ferry para alcanzar el corazón de la isla: el distrito de Central. En total una hora y media de trayecto. Toda la región está perfectamente conectada, siendo el transporte más importante, tanto emocionalmente para el subconsciente hongkonés, como por su importancia histórica, el ferry, en concreto los de compañía Star Ferries. Una auténtica gozada montarse en ellos y atravesar el canal. El trayecto en ferry te regalaba una panorámica de los imponentes rascacielos a ambos lados del canal, modernas moles inertes que desde tu perspectiva parecían ser lo ‘único’ que poblaba la isla. Todos los días, a las ocho de la tarde, tenía lugar un espectáculo de luces sincronizadas que salían de los edificios de oficinas más importantes de ambas orillas, como si el acero y el cemento tuviesen que demostrarnos algo. Por otro lado, los edificios de viviendas parecían enormes paneles de colmenas cuando caía la noche y se iban encendiendo pequeñas cuadrículas de color miel en las fachadas. Incluso inmerso en la megaurbe no puedes dejar de sentir toda la naturaleza que te rodea – que es mucha.


Mi consejo a los que alguna vez vayáis a Hong Kong es que le deis otra oportunidad. Y digo esto porque seguramente vuestra primera impresión – como lo fue la nuestra – sea sentiros como una rata de laboratorio víctima de experimentos conductuales tipo ‘laberinto cojonero’ llevados a cabo por algún científico trasnochado. Y todo por las dichosas pasarelas. Gran parte de la isla está canalizada para los peatones mediante interminables e intrincados pasos elevados con señalización propia. Y si te equivocas de salida estás jodido, como en la autopista. Lo mejor para tener al ciudadano contento, y si eres guiri y andas medio alelado con el paisaje estás condenado a no llegar jamás a tu destino. Así que las dos primeras incursiones en Hong Kong Island resultaron ser más agotadoras que otra cosa. Pero es un síndrome que desaparece pronto y pudimos, finalmente, disfrutar de la multitud de cosas que esta ciudad y su entorno pueden ofrecer. ¿Os imagináis desafiar a la ley de la gravedad montando en la línea de tranvía con el trayecto más inclinado del mundo para subir al punto más alto de la isla? Una auténtica atracción – absténganse personas con vértigo y aprehensivos. Ni que decir tiene que desde Victoria Peak hay unas vistas espectaculares. El Hong Kong Park y el Kowloon Park son dos paréntesis verdes dentro del predominante paisaje de hormigón. Sitios ideales para ver cómo se las gastan los lugareños en sus momentos ociosos (jugando, cantando, haciendo tai chi, etc.) en un entorno natural con grandes estanques y aviarios, ejem, no tan grandes. ¿Vives en una zona elevada y sabes lo frustrante que es emprender el camino de vuelta a casa tras agarrar una buena cogorza? Los borrachuzas hongkoneses no tienen ese problema, ya que pueden hacer uso de las escaleras mecánicas más largas del mundo que les transportan desde la zona de rachí hasta sus casas de los midlevels sin tener que ir dando bandazos y abrazando farolas. Además, si estás falto de algún artilugio erótico en tu inventario puedes pasarte por el mercado nocturno de Temple St. (eso sí, despliega todo tu talento regateador para hacerte con tu consolador soñado: los precios expuestos tienen el mismo valor que el programa electoral del PSOE). Y si lo que quieres es huir y hacer senderismo en una isla en la que no hay un solo coche (ni existen las carreteras), coge el ferry y vete a la isla Lamma, probablemente lo que más nos ha gustado de nuestra estancia aquí. Lo dicho, dale una y mil oportunidades a Hong Kong.
Hasta la próxima historia desde el país en el que los andamios son de bambú.


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Responses

  1. Le daremos otra oportunidad cuando vayamos a Hong Kong pero aprenderemos antes a leer los ideogramas tradicionales en vez de los simplificados de los comunistas que todo lo simplifican (lucha de clases). Aqui los controladores aereos abandonaron sus puestos, se pusieron todos malitos y dejaron hoy a 250.000 pasajeros en tierra porque estan practicando la lucha de clases privilegiadas.
    Muy interesante el post, merecedor de aparecer, como todos los anteriores en una buena guia de viajes.
    Ya estrene la gorra rusa. Es una pasada de calentita y se ajusta a mi craneo como una segunda piel. 谢谢 xie xie Gracias!!

    • Los papis: los seguidores mas incondicionales, como no podia ser de otra manera.

      De nada por la gorra, espero que te sirva de ayuda en el humedo y frio verano gallego que nosotros nos perderemos mientras estamos en la playa tomando el sol! =)

      Un abrazo a todos de nuestra parte.

  2. Los Michis se alargaron los ojos para camuflarse entre la multitud mientras en la otra punta del mundo CIU ganaba las elecciones en Cataluña, Jesús Carrera se quedaba atrapado en París por la huelga de controladores aéreos y Clara se acordaba de que ¡oh! ¡hoy es el cumpleaños de Marichi!

    Te echo de menos hermosura, no mola tanto vivir en Barcelona si una no comparte habitación…
    Cuídate muchíssimo (y tú también, Benjamich)

  3. Benjamín, eres el Tintín del siglo XXI, sólo te faltan los pantalones bombachos y el mechón de pelo de punta, y Marichi la versión femenina del capitán Haddock.
    Dentro de unos años saldrá una colección de tebeos que se llamará “Las aventuras de Mimín”, y contará con títulos tan sugerentes como:
    “Mimín en el país de los gapos”, “Mimín en el país del estornudajo negro” o “Mimín contra los guerreros de Xián”.
    Esta semana me han pisado ya parte de mi sección de noticias del mundo, pero faltó hablar de la ola de frío que tuvimos en toda España, con nieve en casi todo Lugo y Orense, y el 5-0 que le metió el Barça al Madrid (¿pudistéis verlo en la granja del señor Wu con vuestro amigo el yankee charlatán?seguro que en algún kiosco de por ahí encontráis una edición china del “MaLca”.
    Y aquí estamos en pleno puente de la Constitución (vosotros hacéis puente?¿os da permiso el señor Wu?)
    Espero vuestra próxima aventura.
    Besos a los dos.

  4. Una vez más me has transportado por unos minutos a otro lugar,me gusta imaginar cómo son las ciudades que visitáis gracias a vuestro nivel como “contadores de historias”.Estoy de acuerdo con Papá en que lo que nos contáis merece ser leído por cualquier intrépido que quiera conocer vuestra ruta.
    Noticiario:
    el tráfico aéreo vuelve a la normalidad desde que se decretó “estado de alarma”,los controladores se hicieron caquita y volvieron al curro.
    Temporal de lluvia viento para todo el puente de la Constitución;a mí la verdad me dá un poco igual.El puente que voy a hacer es el de Juan Florez para ir al chollo.
    Marki estuvo en la nieve y le encantó;lanzó bolas,caminó por la nieve(le mola porque cruje y va viendo sus huellas);todo a 30 km de Coruña,en Montesalgueiro.
    Se acuerda mucho de tí,y grita tu nombre cada vez que pasa un avión.
    Hasta la próxima cruzada.Besiños.

  5. Me sigo divirtiendo mucho con vuestras aventurillas en el lejano oriente. Yo que vosotros CASI NO volvería a apostar vuestros aforrillos en juegos y azares. Eso si puedo comprender la emoción que ello genera a priori cuando uno se sumerge en esos mundos pero, lo malo viene cuando uno mira el peto a la salida.

    Un bico, especialmente para mi niña. Y Felicísimo cumpleaños.

    AAAAAAAAAdios.

    • No te preocupes, papi, que ya nos conoces y somos “modo cutre”. Apostar apostamos, “sin ser una cifra… de dinero excesivo, eh?, yo les pagaba… una cosa corriente, normal” (con acento Tojeiro).

      Bicos!

  6. Me parece imposible hacer una crónica mejor. Siempre me llamaron la atención Hong Kong y Macao y nunca me molesté es informarme sobre el tema, pero gracias a Benjamín ya tengo una imagen bien potente. Por cierto, yo tambien me sumo a lo de feliz cumpleaños.

    Por otra parte, me parece imposible que Caga Boy no haya ganado. Yo hubiera apostado hasta la camisa. Si estoy ahí salgo del hipódromo vestido con un periódico.

    • Raul, yo tuve que pararle los pies a Benjamin, que en cuanto vio que habia un caballo llamado Caga Boy, se le mutaron las pupilas por un par de simbolos de dolar.


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