Posteado por: Benjamin | 19 febrero, 2011

“Hello! Motorbike?”

No consigo concentrarme del todo, debido –  en gran parte – al dulce y apaciguador sonido que emiten las ratas que corretean justo en el exterior de nuestra habitación en Rach Gia (junto con las lagartijas y los timadores, conforman la Trinidad vietnamita). Marichi duerme ajena al peligro mientras yo monto guardia con la navaja suiza a mano por si las circunstancias aconsejan comenzar con las hostilidades y destripar roedores. El ventilador de la pared pide a gritos un buen engrasado mientras mueve el aire caldeado y la capa de sudor avinagrado que cubre cada centímetro cuadrado de mi piel actúa como un perfecto reclamo para los mosquitos.

Vaya por delante – para vuestro consuelo – que en este post procuraré ceñirme a la narración cronológica de hechos y eventos, sin pararme demasiado en valoraciones personales ni ejercicios de introspección que, supongo, sólo interesan a mi terapeuta y a cierto santero con el que hice un pacto en Santo Domingo, tiempo atrás.

¿Cómo llegamos a Vietnam? Nuestra intención, para seguir honrando el nombre de este blog, era atravesar la frontera sur de China gracias a la línea de ferrocarril que muchas décadas atrás los franceses habían construido para conectar Hanoi con sus vecinos. Desgraciadamente, y a pesar de constar en los mapas, esas vías no soportaban ya más que el tránsito de las locomotoras de juguete de mi sobrino, así que optamos por desplazarnos en autobús hasta la última ciudad china antes de la frontera – Hekou – y, una vez allí, atravesarla caminando hasta la primera ciudad vietnamita al otro lado – Lao Cai -, para después cogernos el tren hasta Hanoi. He de decir que el trayecto fue precioso, plagado de bosques de piedra a ambos lados de la carretera. Nuestros compañeros durante este desplazamiento y los días venideros fueron Gretha y Regis, una pareja francoholandesa de viaje también por el sudeste asiático. Nos apeamos en mitad de la madugada en Hanoi y, tras ser víctimas del típico timo del paseo del taxista por media ciudad para llevarte a un sitio a tres manzanas de distancia, llegamos al albergue en el que habíamos reservado camas el día anterior (cosa rara en nosotros, pero teníamos un mal pálpito). Habían echado el candado, las luces estaban totalmente apagadas y el bulto que había durmiendo en un catre en el suelo era el único síntoma que evidenciaba la existencia de ‘recepción 24 horas’ que publicitaban en su página web. Tras sacarlo a base de insistentes golpes en la puerta del sueño con sinuosas vietnamitas en el que estaba inmerso, nos deslizó un post-it en el que nos informaba de que estaban completos y, a pesar de tratar de hacerle entrar en razón con nuestro argumento de la reserva, se volvió a enrollar placenteramente en su manta con la esperanza de volver al punto en el que su ensoñación se había truncado. Finalmente, transcurridas unas seis horas, pudimos descansar un poco y vaciar nuestras vejigas en otro hotel de la misma zona.

Hanoi es una ciudad enorme, aunque lo más interesante se concentra en el barrio antiguo, alrededor del lago Hoan Kiem (digno de historia artúrica, con espadas legendarias y tortugas mágicas). Son mil y una calles que conforman prácticamente un laberinto urbano (y un infierno circulatorio). La scooter es el vehículo nacional; por cada coche que ves hay otros treinta ciclomotores fintando, esprintando, peinándote el flequillo al tomar las curvas, tranportando todo lo imaginable. Jamás había visto una ciudad igual. Estaba en completa ebullición, engalanada con incontables banderas del país y dispuesta a volcarse enteramente en la orgía del Tet. Los comerciantes de los puestos de flores se pavoneaban de sus girasoles de dos metros y sus enredaderas, cada dos pasos escuchabas a alguien ofreciéndose a llevarte a algún sitio al grito de “Hello! Motorbike?”, la gente quemaba dinero de papel en las aceras para atraer la buena suerte y se hacían a última hora con el naranjo que presidiría sus salones durante la festividad a modo de árbol de Navidad, las barras de incienso surgían de insospechados recovecos esparciendo aroma a sándalo, los puestos de bia hoi (cerveza casera) con sus minúsculas banquetas estaban a reventar y la gente engullía sus sopas de fideos rebosantes de cilantro, todo el mundo sonreía, el ruido era ensordecedor, olía a ceniza y sabías que habías llegado a esa ciudad en el momento indicado.


Una de las atracciones más genuinas del norte de Vietnam son las marionetas de agua, y en Hanoi se había edificado uno de los teatros más grandes dedicados a albergar este tipo de espectáculo, por lo que dicidimos casi sin pestañear hacernos con un par de entradas y comprobar qué se cocía entre bambalinas.  Las marionetas, accionadas mediante varas por sus respectivos conductores escondidos tras un telón, desarrollan sus historias en el interior de una piscina, de ahí su denominación. El show en sí es bastante soporífero, con sólo un par de detalles merecedores del asombro del respetable. La decepción fue supina al comprobar que la totalidad de las localidades las ocupaban foráneos como nosotros. Antiguamente, las compañías ambulantes solían representar estas funciones a lo largo y ancho del rural para que la población campesina se entretuviese y, a la vez, aprendiese lúdicamente leyendas de las dinastías ancestrales. Ahora ha devenido en una turistada.

Marichi completó el tour ‘Dictadores comunistas recauchutados’ (yo no pude ver a Lenin, ese día le estaban reconstruyendo las pestañas) en la visita que realizamos al complejo en el que se encuentra el mausoleo del padre de la patria, Ho Chi Minh, con su cara de buen rollo presente en todos los billetes, negocios y salas de estar que se precien. Al parecer pasó sus últimos años dando paseos por los amplios jardines del complejo, mientras decidía los destinos de ochenta millones de almas con mano de hierro y leía ediciones atrasadas del ‘Diez Minutos’ en la espartana habitación de su modesta casa de juncos.


En lo que fue nuestra primera incursión local en lo que a la convulsa historia de la región se refiere, acudimos a la prisión de Hoa Lo, levantada por los franceses durante la Indochina colonial como lugar de hacinamiento y tortura para los vietnamitas insurgentes, en la que permanece todavía expuesta una gigantesca guillotina como muestra de lo que significaba acabar con los problemas ‘cortando por lo sano’. Conocimos la historia de algunas fugas épicas a través de pozos negros y sumideros, nos familiarizamos con las penosas condiciones de vida de los presos e, incluso, decubrimos que se puede uno morir de fimosis. Posteriormente, una vez los gabachos se retiraron con el rabo entre las piernas, la prisión fue utilizada por Vietnam del Norte durante la guerra contra los americanos como cárcel propagandística a la que fueron a parar algunos yankees ‘afortunados’, a fin de que la opinión pública occidental fuese testigo de la magnanimidad y misericordia con la que los demonizados comunistas trataban a los prisioneros de la nación del Tío Sam (los documentales de la época que se proyectan en varias salas son, sencillamente, tronchantes).

También en Hanoi, a través de Couchsurfing, conocimos a Luisa, una vietnamita estudiante de idiomas en la Universidad que hablaba un más que aceptable español, con la que pasamos una tarde muy agradable tomando algo en su casa y paseando por su pueblo, a las afueras de la capital. Era una chica espontánea y curiosa, que nos introdujo en varios aspectos de la cultura local (sobre todo en lo referente a la tradición religiosa) y nos acompañó a una peluquería local, en la que me cortaron las greñas y me rasuraron con navaja barba y bigote en un abrir y cerrar de ojos (imposible si no hubiésemos contado con sus servicios de traductora).


A ciento setenta kilómetros de la capital se encuentra la bahía de Halong, una inconmensurable extensión de agua plagada de formaciones kársticas, declarada Patrimonio de la Humanidad y eterna candidata a formar parte de las Maravillas del Mundo Natural. Es, casi con toda seguridad, el lugar más impresionante del país y una de las postales más repetidas (nosotros nos hemos subido al carro y la foto que introduce el blog es una instantánea del lugar). Pasamos un día navegando la bahía en una embarcación guiada por un capitán un tanto dominguero – en cuanto de descuidabas cogía el timón con los pies – y tuvimos oportunidad de hacer kayak y ver más de cerca algunos de los miles de islotes que la pueblan. Pasamos la noche en el barco, amenizada por una fiesta improvisada en el bar en la que se pinchó lo más discotequetro del reproductor emepetrés de Marichi (para mi desgacia, ya que yo atravesaba una de mis migrañas metido en el camarote y le daba vueltas a la idea de subir a la cubierta y perpetrar una masacre en alta mar). A pesar del binomio cefalea/David Guetta, Halong fue una auténtica gozada.


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Responses

  1. Tío! Tenías un look mucho más carismático con greñas y barba. Muy mal.
    Por lo demás que grandes fotos de la bahía de Halong. Enhorabuena por el viaje otra vez.

    • Descuida Dani, mi especialidad es el vello facial. Verás como en un par de semanas ya estoy para que me hagan rastas en la barba.

      Un saludo, compadre!

  2. Oh que lindo!!
    Perdona pero no puedo evitar mi alegria por ver de nuevo al fin tu autentica fisonomia que trae a mi memoria al ninio que fuiste y que (for me) siempre seras.
    Te veo saludable y feliz al igual que Marichi y eso es un balsamo para todos los que estamos pendientes de vuestras aventuras tan bien contadas en vuestros posts.
    Impresionantes las fotos de Ha Long.
    Enhorabuenas y hasta pronto. Un beso a los dos.

  3. yo tb lo encuentro más guapo sin barba

  4. Estoy fliapada con las fotos…
    De las historias ¡¡¡ni me atrevo a comentar!!!
    Benjamin, el cambio de look muy positivo, ¡si señor!
    Lo que me recuerda…

    Va Benjamín al barbero a que le corten el pelo y llega el profesional, cuchilla en mano y le pregunta:
    – ¿Quiere que le corté también las patillas?
    – ¡Si hombre! ¿Y cómo quiere que ande? ¡¿Con las orejillas?!

    Patapum pissssh!!! 🙂

  5. Nené,has retrocedido(fisonómicamente hablando) unos cuantos años con tu rasurado de melena y barba,aunque estás muy lindo siempre.Por lo que cuentas estáis encantados con vuestra estancia en Hanoi;me encantaría dar un paseo en ese barco ,durante unos minutos,tiene que ser precioso Ha Long,mágico,aunque pinche David Guetta(hay cosas mucho peores).Mucho cuidado con esos malditos roedores,si es necesario le digo a Javi que se pase por ahi para desratizar la ciudad y daros algunos consejos para el dia a dia(en lo que a plagas se refiere).
    Muchísimos besos para los dos.Os veo felices y eso(como dice el Papo) es un bálsamo para todos.Besos de Marki.Ya le compré la peluca blaca(quería disfrazarse de Johny Winter),pero le queda muy grande y parece un pequeño pony.Jajaja.

  6. Tío quen é o guaperas, que está na última foto con Marichi. Eu de ti tería cuidado!

  7. Bueno, yo también soy de los que creo que Benjamín está mejor afeitadito y con el pelo corto, aunque, digáis lo que digáis, cuando lucía ese look guarrillo a lo Mickey Rourke en los años 80 las chicas soñabais con él, reconocedlo….
    Así que mejor Vietnam que China, no?
    Yo estoy pensando en hacer un viajecito a los países del norte de África, que parece que la cosa está muy entretenida por ahí (Marruecos, Argelia, Libia, Egipto, Túnez…ya os habréis enterado).
    Tengo un amiguete que lee vuestro blog y flipa, como todos; se lo ha recomendado a otros conocidos y me pide un favor: él colecciona monedas y billetes de países exóticos, ¿podéis guardarme algo para él?Le haría ilusión.
    Un breve resumen de las noticias de esta semana: se murió Florinda Chico, a Esperanza Aguirre le han detectado un cáncer de mama, una película catalana que se llama Pan Negro arrasó en los Goya, terremoto en Nueva Zelanda, Mubarak se fué, Gadafi dice que no se va, y la mejor de todas: Dani Aranzubía marca de cabeza, en el tiempo de descuento, el gol que hace que el Depor salve un punto frente al Almería (buscarlo en YouTube, que no es broma).
    Un abrazo a los dos y escribir pronto.


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