Posteado por: Marichi | 14 abril, 2011

Templos de Angkor: Buda, Vishnu y las caras sonrientes

Nunca nos alegraremos tanto de desoír consejos de otros viajeros como esta vez. “¿Angkor? Va, con un día tienes tiempo de sobra para ver los templos importantes y alguno más”. Menos mal que un par de personas con criterio similar al nuestro nos dijeron que un día no nos llegaría para nada. Así que decidimos comprar la entrada de tres días y, para darle un toque más aventurero y romántico, hacer la visita en bicicleta. Cada noche llegábamos agotados al albergue: mi cabeza no había aún tocado la almohada y ya estaba durmiendo. Pero, sí, señores, mereció la pena.

Los templos de Angkor es lo que queda en pie de lo que fue un asentamiento de más de medio millón de habitantes durante la época dorada del Imperio jemer. No quiero extenderme en datos que podéis encontrar en la enciclopedia, pero quiero dejar constancia del poder de un imperio que llegó a comprender el territorio de Camboya, Vietnam, Laos, Tailandia y parte de Birmania y Malasia, durante los siglos IX al XV. La religión que profesaban los jemeres, y que aún hoy se ve y se siente en los rincones de los templos, era una mezcla de budismo e hinduismo.

La mayoría de los templos están agrupados en un territorio muy extenso a unos cinco kilómetros al norte de lo que hoy es la ciudad de Siem Reap (que significa “la derrota de Siam”, los tailandeses deben estar encantados), donde teníamos nuestro campamento base. Hay otro grupo de templos (Roluos) un poco más alejados, como a 13 kilómetros al este. Aparte hay algunos templos aislados, que nos perdimos, porque están a más de 30 kilómetros y aún no tenemos fuelle para pedalear tanto.

El primer día hicimos el circuito grande, parando en una docena de templos -de los menos populares- y pudimos constatar la regla 70/30: el 70% de los turistas se concentran en el 30% del espacio; en algunos templos estábamos solos o casi solos. La sensación es sobrecogedora cuando te adentras en los laberintos de ruinas que parece que en cualquier momento se te van a caer encima, donde crecen árboles centenarios fusionándose con la roca. Parece imposible que algún día ese fuese el centro de operaciones de un imperio tan poderoso. A día de hoy, parece todo parte de un decorado de Indiana Jones o el Libro de la Selva (yo no podía quitarme de la cabeza al rey Louie con su corte de orangutanes pidiéndole a Mowgli que le enseñase a hacer fuego). Lo cierto es que simios hay y son parte del atractivo, al lado de algunas manadas ya hay mujeres vendiendo maíz para que les des de comer, y, cómo no, ellos se dejan querer. Después de tanto tiempo en Asia nos hemos dado cuenta de que el negocio está en todas partes, sólo hay que saber buscarlo.

El segundo día hicimos el circuito pequeño, abarcando unos ocho templos incluyendo, esta vez sí, los edificios estrella: Bayon y Angkor Wat. A pesar de la multitud, Bayon me cautivó y es que, de nuevo, sólo basta meterse por cualquiera de los pasillos laterales para encontrarse completamente a solas e investigar, porque siempre parece que es eso lo que tienes que hacer, buscar alguna pista o tesoro escondido. En cuanto llegamos a Angkor Wat, al que habíamos dejado para el final del día intencionadamente, pudimos comprobar que parte de la fachada estaba en obras, vaya chasco… Aún así conseguimos ingeniárnoslas para sacar un par de fotos en las que conseguimos tapar gran parte de los andamios. Allí nos quedamos hasta la puesta de sol.

El tercer día lo dedicamos al grupo de Roluos, donde solo hay tres templos. Era un día especialmente caluroso y en todo el trayecto por carretera no había apenas ni una sombra, a mí me salieron una especie de sarpullidos en las zonas en las que me daba el sol y a Benjamín le dio tal golpe de calor que en cuanto llegamos a Siem Reap casi se me desmaya. Otra cosa que hemos aprendido sobre nuestras propias limitaciones.

Al día siguiente ya nos cogimos el bus para Laos, donde estamos ahora. Sé que vamos muy retrasados con el blog, pero prometemos ponernos las pilas y que, por lo menos, no haya un mes de desfase entre lo que escribimos y lo que estamos viviendo. Pero antes de cerrar Camboya nos queda una última entrada, a cargo de Benjamín, obligada para todo visitante a este estremecedor -tanto en lo positivo como en lo negativo- país. En unos días estará lista.

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Responses

  1. 14 de abril. Salud y República!!

  2. Qué gozada poder visitar esos templos sin formar parte de un rebaño de turistas!
    Y qué chulas las fotos.
    Cualquier día os encontráis por ahí a Spielberg buscando exteriores para una nueva entrega de “Indiana Jones”.
    Besos a los dos.

  3. Que envidia chicos!!!
    disfrutar a tope, a nosotros des de aquí se nos cae la baba

  4. Preciosa narración de tres dias de aventura y preciosas las fotos. Gracias.
    Besos a los dos.

  5. Qué guay! las fotos muy chulas…la señal del elefante es genial!!!
    Ahora por fin ya he leído todo lo escrito y voy al día (más o menos que sé que esta entrada no es de hoy)
    muchos besos, y CUIDADO CON EL SOL!!!!!

  6. Preciosas imágenes de ese paraíso. Una vez más felicidades.

  7. La verdad que si lo de leer los posts por orden seguro que es mucho más práctico… Me alegro de que vayais por libre, ¡así es más fácil encontrar diversidad de opiniones!

    ¡Seguid así! 🙂

  8. Me ha encantado, destino anotado y con prioridad para visitar, ¡Qué envidia sana!, enhorabuena chicos


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