Posteado por: Marichi | 29 abril, 2011

A donde nos lleve la corriente, el sur de Laos

Cada vez que alguien nos hablaba de Laos, siempre nos decían: “Sobre todo, no os perdáis las 4.000 islas” y nosotros nos preguntábamos cómo narices era posible que existiese un sitio con tal nombre en un país que no tiene costa y qué podía haber allí que lo hiciese tan especial. Ahora somos nosotros los que decimos la dichosa frasecita.

Si Phan Don, que así se llama en Laosiano, es un conjunto de islas que varían en número y tamaño dependiendo del caudal del omnipresente río Mekong, en la frontera entre Laos y Camboya. La electricidad 24 horas llegó hace apenas un par de años y sus habitantes viven de lo que cosechan y, cada vez más, del turismo que llega atraído por la tranquilidad y belleza del sitio.

Realmente, las actividades que se pueden hacer allí son tan limitadas como atractivas: pasear en bicicleta por la orilla del río, darse algún chapuzón dejándose llevar por la corriente, mecerse en la hamaca y leer, leer, leer. Disfrutando de estos pequeños placeres y haciendo horas extras de cama mientras se me bajaba la hinchazón de las paperas, dejamos pasar una semana entera en nuestra encantadora cabañita junto al río que -si no lo digo reviento- nos costaba tres euros la noche. Allí llegamos y nos quedamos con Danilo y Jonathan, alemán y belga, respectivamente; colegas, compañeros de batalla y únicos huéspedes de nuestro “resort”.

Las islas preparadas para recibir turistas, son sólo tres: Don Khong, la más grande; Don Det, donde estábamos nosotros, y Don Khon, conectada por un decrépito puente -que sólo se puede cruzar previo pago- con Don Det. En Don Khon se pueden visitar las cascadas que se consideran las más grandes del sudeste asiático (en volumen de agua), pero el mayor imán de la isla es que desde allí es más fácil que desde ningún sitio ver los famosos delfines Irrawaddy. Te llevan en barca hasta una parte en la que río se ensancha -al parecer parte predilecta de los delfines- y, efectivamente, aunque has de achinar mucho los ojos, los ves: sus lomitos saliendo del agua y sus aletas salpicando en el río. Le pedimos a nuestro barquero que nos acercase un poquito más a ellos, pero nos dijo que la parte en la que estaban era ya Camboya y que mejor no ir si no queríamos problemas con los de inmigración. Un río dividido en dos… ya veis…

También disfrutamos en Si Phan Don de otra de las actividades favoritas de Laos: el “tubing”. Consiste en que te lleven en barca unos cuantos kilómetros río arriba y allí te dejan con un flotador gigante (en su día la parte interna de la rueda de un tractor) hasta que vuelves a llegar al punto de partida arrastrado por la corriente. En las islas sólo existe la versión “light”, pero el verdadero “tubing” implica irse parando en bares apostados estratégicamente en las orillas del río. Todos los años ocurre alguna desgracia que incluye: adolescente australiano, exceso de alcohol y corriente fluvial. En nuestro caso, éramos cuatro “mataos” (Danilo, Jonathan, Benjamín y yo) y la corriente era tan lenta que tardamos unas tres horas en hacer el recorrido -de unos seis kilómetros- de vuelta a la isla. Así que ya os podéis imaginar el panorama: me pongo panza arriba en la rueda (debuti), “¡eh, a ver quién consigue ponerse de pie en el flotador!”, después de unos cuantos patéticos intentos me vuelvo a poner panza arriba, me cambio de postura y me pongo a mirar la isla a mi izquierda en donde hay una persona caminando y, sí, constato que va más rápido que yo, “dios, qué calor hace”, nado un rato agarrada a la rueda, hablamos de música, ahora me pongo mirando hacia abajo, “vale, reto nuevo, hay que meterse dentro del agujero del flotador y dar vueltas hasta estar completamente mareado” (me gustaba más lo de ponerse de pie), vuelta a la posición inicial, “Benjamín, cámbiame el flotador, que quiero probar el tuyo, que es más pequeño” (como si fuese a haber mucha diferencia…), hablamos de viajar, “vaya putada que estos chismes sean negros, no veas cómo queman”, miramos al infinito, “menos mal que se nos ocurrió echarnos crema protectora”, “Benjamín, tu rueda es una mierda, devuélveme la mía”… y así tres horas. Total para que a estos tres pringaos se los llevara la corriente, que se hizo más fuerte cuando llegábamos a nuestra isla, y tuviesen que deshacer camino (parte a nado, parte caminando) para encontrarse de nuevo conmigo un cuarto de hora después. Hombres… Conste que la cosa es divertida y tiene su gracia, pero tres horas es un poco demasiado.

Anécdotas y curiosidades: Por las noches nos caían unas tormentas que parecía que se nos iba a venir el techo encima y a la mañana siguiente todo estaba como si no hubiese pasado nada; los bares de la isla están completamente abiertos, es decir, no tienen paredes, son sólo unas columnas y un techo, y por las noches cierran la cocina (que sí tiene paredes) y se van, vandalismo cero; no hay coches ni carreteras, sólo motos que circulan por caminos de tierra; abundan los perros sarnosos, las gallinas, los cerdos y los búfalos de agua (unas enormes bestias tiernas y miedicas que nos llevan acompañando desde China); ¿bichos?, de todos los tamaños, colores y formas, ir al baño de noche era siempre una aventura.

Cuando al fin nos armamos de valor para dejar las islas nos cogimos un autobús a Pakse (la ciudad más cercana) y desde ahí una lata con ruedas (ver vídeo de Youtube, nos hemos hecho una cuenta y estamos subiendo vídeos como locos) a Tad Lo, una de las muchas cataratas que hay en la región de la meseta de Bolaven, famosa por sus plantaciones de café. Allí nos quedamos un par de noches en otra cabaña preciosa y con la cama más cómoda que hayamos tenido en mucho tiempo, pagando el mismo precio que en las islas. Cada mañana nos despertábamos con un fuerte olor a café tostado que, al parecer, éramos los únicos en notar.

No pudimos disfrutar mucho de la zona, porque el tiempo no nos acompañó. Aún así, tuvimos la oportunidad de perdernos un poco y deleitarnos con sus senderos, sus cascadas, sus gentes bañándose en el río y, después de pasar al lado unas cuantas cagarrutas del tamaño de dos cabezas de Benjamín (pensando: “serán de un búfalo que llevaba mucho tiempo aguantándose”), toparnos con un grupo de tres enormes paquidermos -con sus dueños- para poder constatar que, sí, estábamos en “la Tierra de los Mil Elefantes”.

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Responses

  1. …así que cuando hablabais de Laos os comentaban lo de las islas… jolín…yo pienso en Laos y lo asocio con Roldán, y que hasta le hicieron un libro al estilo donde esta Wally ?¿?¿?¿
    pues ya me veré vuestros videos,que guay!!!! y veo que te animas, de vez en cuando nos pones una foto María, qué ilusión!
    que lo sigais pasando muy bien, os deseo muchas aventuras más….
    hále, un beso, me voy a trabajar 😦

  2. Hola Muchachitos,

    ¿Que tal esta todavía ale Laos por el viaje?.
    Me parece guay lo de los videos molan un montón no tenía ni idea de que los subiais.

    En la última foto la de los tres animales que son? dos alifantes y el otro?. jejeje!

  3. Me gusta mucho este post de Marichi. Me transmite tranquilidad aunque nos cuente que esta llevandosela la corriente de Mekong.
    El tercer animal es un paki-duermo?
    Come mucho, Marichi!!
    Besos a los dos.

  4. :O Elefantes, elefantes! Os habéis podido montar en ellos? Les dais cacahuetes? :3 Jo, qué guai…
    Apuesto, Marichi, a que después de esto las arañas que puedas encontrarte por aquí te pareceran una mariconada xD
    Salud i eso! (aunque ya no sé qué más os puede coger, hijos míos)

    Un beso,
    Clara

  5. Sigo siguiendoos. Sigo siguiendoos con envidia. la envidia sigue creciendo ya no se si por los tres euros de cabaña, la cascada de fondo, los teimpos de lectura o los chapuzones en flotador-rueda (desde la distancia tres horas parece un tiempo perfecto) con paraditas en bares.

    Los videos molan.

    Aqui hoy domingo 1 de mayo, día de la madre, día del trabajador, día de la madre trabajadora. Flores, flores y más flores…….

    Un apreta enorme

  6. Muy divertidas las fotos de este post.Se os nota relajados;bueno,supongo que Benjamín estaría un poco desconfiado de espaldas a esos elefantes;por un momento pensé que eran tallas de madera.jajaja.Por cierto,recuerdo los calpita de hace 24 años y …qué quieres que te diga;tampoco hemos avanzado tanto.
    Ultima hora:EEUU se ha cargado a Bin Laden.

    Besos y a seguir así de bien.

  7. Camarón que se duerme… Hahaha!
    Me ha encantado el relato, ¡puedo imaginaros perfectamente!
    A ver si os habiais pensado que el Aqua Park nació de la nada ¡hombre!

  8. En que idioma hablaban alla?

    • Ay, Valeria, que acabo de ver tu comentario. Allí se habla laosiano, un idioma de la misma familia que el tailandés, pero que sólo se habla en Laos =)


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