Posteado por: Benjamin | 4 agosto, 2011

Trabajando en un sueño

La voz femenina de nuestro despertador parlante nos va cantando las horas a intervalos de diez minutos desde las seis y media de la mañana en un tono enlatado y recriminatorio: “It’s time to get up. The time is seven o’clock…. It’s time to get up. The time is seven ten…”. Así comienza nuestra jornada, sintiéndote culpable por no hacerle caso a una grabación inerte y machacona y poder así disfrutar de algo más de tiempo bajo el edredón en la parte trasera de nuestra furgoneta, estacionada ilegalmente en alguna de las tres localizaciones en las que vamos alternando nuestras noches a la intemperie. Yo me levanto a calentar un poco de agua en nuestra pequeña cocina para nuestros cafés mañaneros (además de para caldear algo el ambiente), aunque quizás debería decir incorporo, ya que conjugar el verbo levantarse es algo optimista teniendo en cuenta las dimensiones de nuestra vivienda. Mientras Marichi remolonea un rato más y desacopla la cama aprovecho para vaciar la vejiga y desincrustame las legañas en los baños públicos adyacentes al aparcamiento. Por un lado es una suerte contar con este tipo de instalaciones totalmente gratuitas abiertas al ciudadano las veinticuatro horas del día, sobre todo si tu domicilio carece de cualquier tipo de aseo; pero en ocasiones has de lidiar con escenarios poco recomendables higiénicamente hablando como la vomitona esparcida por todo el sanitario de algún kiwi borrachuzas (que, adecuadamente enmarcada, podría colgar de los muros de cualquier museo de arte moderno) o la montaña de deyecciones en el suelo del baño de algún samoano con flojera (estos últimos, al parecer, se muestran bastante reacios a seguir paso a paso el complejo manual del buen uso del retrete, debe ser algo cultural).

El frío a primera hora de la mañana es el mayor inconveniente. El otro día, para que os hagáis una idea, la temperatura alcanzó valores negativos durante la noche y nos levantamos con una capa de hielo recubriendo los cristales de la furgoneta, tanto por dentro como por fuera, y no había manera de arrancarla. Vaciar el salero por el parabrisas mientras intentaba sacar el hielo con la cuchara de cocina apenas dio resultado. Por si esto fuera poco la bombona de gas que da suministro a la cocina estaba vacía y tampoco podíamos encender un fuego para derretir el hielo desde dentro. Finalmente, un buen hombre al que abordamos en plena calle mientras se dirigía a contemplar los patos congelados del estanque pudo resucitar el automóvil gracias a la técnica del ‘arranque con las ruedas’, toda una novedad para nosotros que pasamos a incorporar a nuestro catálogo de habilidades adquiridas durante este viaje (que no son pocas). Resultado: batería nueva y sabañones en las orejas. Por cierto, la furgo la hemos bautizado con el nombre de Chattanooga.

Afortunadamente, Nueva Zelanda es un país muy agradecido en lo que a paisajes se refiere, y despertarte con el sonido de las olas y los piedras rodando por la resaca del mar en la playa de Maketu es algo que compensa cualquier contratiempo mundano. Un banco de gaviotas a tu alrededor y algún que otro surfista madrugador redondean la estampa, además de un perro cojito y un gato psicópata que se han hecho ¿amigos? nuestros.

El día del incidente con la furgo llegamos tarde al trabajo. Aunque, virtualmente, puedes llegar a la hora que te dé la gana (concepto que deberían importar más empresas españolas). Cada día a eso de las siete y media recibimos un mensaje en el móvil de nuestro jefe indicándonos a qué hora se empieza a trabajar esa mañana, si es que hay suerte y no llueve, dado que en condiciones húmedas no se puede trabajar. Y, como no podía ser de otra manera, trabajamos en un huerto de kiwis en Te Puke, de una empresa llamada Lichfield Inc., la mayor mundialmente en hectáreas de cultivo de kiwi amarillo.

¿Y qué es lo que hacemos? Vayamos por partes. Durante el tiempo que llevamos aquí hemos conseguido formarnos un esquema general sobre el ciclo de vida del kiwi y, creedme, no es nada sencillo. Desde que un propietario decide adquirir y plantar kiwi en unos terrenos hasta que la primer cosecha se materializa y podemos ir al frutero del barrio (Pepe, en mi caso) y llevarnos una bolsita de kiwis Zespri para casa, se llevan a cabo multitud de tareas diferentes, cada una en una época del año, englobando a diferentes empresas y realizadas, en ocasiones, por el mismo personal. Quizá la tarea más conocida por los viajeros sea el picking – es decir, la recogida de la fruta – ya que es con la que más cantidad de dinero se puede hacer en menos tiempo. Eso sí, se recomienda tener una columna fabricada con aleación de titanio (hay un gran número de deserciones tras el primer día). Desgraciadamente, nosotros llegamos justo al final de la temporada de picking y sólo estuvimos dos días recogiendo. La idea es sencilla, te empotran en un equipo de varias personas con tu bolsa en plan marsupial con capacidad para veinte kilos de fruta y te sueltan en el huerto de sol a sol mientras vais llenando contenedores enormes. Estos contenedores son la unidad de trabajo y el número de ellos que haya llenado tu equipo se multiplica por el precio que paga el contratista por contenedor y ese valor, finalmente, se divide por el número de personas que integraban el equipo. Esto parece una prueba del Grand Prix, lo sé. Un trabajo de mierda, aunque bien pagado (hicimos 72 euros cada uno en 9 horas de trabajo).

Cuando la fruta ya está toda recogida llega el momento de volver a empezar el proceso en el huerto para preparar la siguiente cosecha y la poda (o pruning, en inglés) es lo que toca ahora. Se trata, aquí, de dar un tijeretazo algo indiscriminado para limpiar el huerto de hierbajos sobrantes. No podemos dar muchos más detalles de esta tarea, ya que en el huerto en el que trabajamos ya se había completado cuando nosotros empezamos.  ¿Y qué viene después de dejar extenuado al pobre árbol de kiwi con tanto arrancamiento de fruta y poda de ‘brocha gorda’? Pues dejarlo bonito, justo el punto en el que nos encontramos. El término concreto es tying down y es lo que hemos estado haciendo durante un mes, aproximadamente. Para entender el proceso, además de con la ayuda de las fotografías, haceos la idea mental del huerto como una gigantesca hoja de papel cuadriculado. El huerto se divide en bloques, que no son más que subcuadrados dentro de él, y los bloques se dividen en líneas. Las líneas son filas paralelas que recorren el bloque de un lado al opuesto por las que, en uno de sus extremos, se han ido plantando todos los árboles (o cepas) hembra, de las que salen las ramas en las que crecerá la fruta. Cada línea está mallada con una red de alambre para que se asienten en ellas esas ramas y conseguir la sensación de viña. Las líneas, finalmente, están divididas en cuadrados, o bays en inglés (ni idea de por qué los llaman así), siendo estas las unidades de producción. Como podéis comprobar, la estructura de marras no le tiene nada que envidiar al modelo subatómico. Pues bien, el objetivo en el tying down es seleccionar las dieciocho mejores ramas del bay y atarlas a la malla de alambres desechando todo lo demás, por lo que también implica una labor de poda mucho más cuidadosa que durante la fase de pruning. La tarea de sujetar las ramas a los alambres se realiza utilizando unas pequeñas pero resistentes piezas de plástico que llaman clips. La idea es aprisionar la rama contra el alambre pasando el clip por encima y fijando los extremos en el cable apretando con fuerza contra ellos. Es algo difícil de explicar aunque en la práctica no tiene ciencia ninguna; los dedos (sobre todo los gordos) sufren muchísimo al tener que estar presionando constantemente el clip sobre el alambre y mucha gente (nosotros incluídos) se pega con celo una moneda en el pulgar para ayudar a hacer la presión y que no duela tanto. Las otras partes del cuerpo que están en continua tensión son el cuello (ya que has de estar mirando para arriba todo el tiempo) y los brazos, siempre levantados (el uso del desodorante adquiere, así, una importancia capital). Aparte de los clips, las otras herramientas de trabajo son una tijera podadora grande que compartimos y dos tijeras pequeñas, una para cada uno. Tu sueldo lo determina el número de bays que completes; y el precio de cada una, su grado de dificultad. Algunas bays son sencillas y las ramas que has de seleccionar están bastante claras y no hay mucha maleza de la que librarse; en cambio otros parecen el equivalente arbóreo a un hijo entre la peluca de Tina Turner y melena de la Bruja Avería. La media ronda los 10 NZD antes del 20% de impuestos por cada bay completado, lo que viene significando que para hacer una cantidad de dinero normal tendrías que hacer, al menos, 10 bays al día (cada uno). Y, como diría el filósofo Tojeiro, sin ser una cantidad de dinero excesivo. Pues bien, nosotros jamás nos acercamos a esa cifra. Pero no nos malinterpretéis, el trabajo nos gusta. Lo hacemos juntos, no tenemos presión de ningún tipo, trabajas al aire libre y el paisaje es precioso, el ambiente de trabajo es distendido incluso con los jefes y, como dice Marichi, nos gusta un trabajo que se trata, al fin y al cabo, de ordenar.

Antes

Después

La fuerza productiva la conformamos unas cien personas, venidas de todos los rincones del planeta, aunque los idiomas oficiosos del huerto son, por este orden, punjabi (si te pasa como a mí, que no lo había oído mencionar jamás, échale un vistazo a la wikipedia y alucina: en el top ten de las lenguas más habladas del mundo), español (latino, como diría el güindous, o en seriesyonkis) y portugués (brasileiro). El inglés es casi una glosa residual, utilizado sólo por los mandamases para echar broncas. El lobby indio es, sin duda, el de más peso, con varias generaciones de temporeros en cada familia. Entre ellos, uno de los que más galones tiene, es Gill, un simpático indio viejete con turbante y barba a lo Papá Noel, que los hispanohablantes apodamos cariñosamente ‘El Pinza’, debido a la carencia total de falanges en una de sus manos, exceptuando índice y pulgar (hilarante ver cómo los tres dedos sin llenar del guante le andan bailando todo el rato).

Otro aspecto con el que estamos requetecontentos – y que en España sería motivo de despido fulminante o, cuando menos, de marginalidad laboral – es la ropa de trabajo: la misma los siete días de la semana (sin pasar por la lavadora, se sobreentiende). Hacemos unas labores sufridas que traen consigo cierta erosión de las prendas, por lo que a día de hoy nuestra pinta de vagabundo (guantes sin las puntas de los dedos incluídos) haría parecer a Barragán un ejecutivo de Wall Street. Son los mismos pantalones, el mismo calzado y el mismo jersey que llevamos utilizando casi un año, aunque el aroma a mofeta resacosa que desprenden no hace presagiar que les quede una larga vida útil por delante.

Si todavía no os he saturado con tanto vocabulario técnico referente a la industria del kiwi, quedaos con este nombrecito que seguro va a traer mucha cola de este año en adelante: PSA. No, no se trata de la nueva consola de Sony, sino de una enfermedad que afecta al árbol del kiwi y que, potencialmente, puede acabar con la práctica totalidad del negocio en unas pocas temporadas (los más agoreros le dan tan sólo tres años más de vida al chiringuito). ¿Os imagináis que casi de la noche a la mañana se borrase de un plumazo la principal fuente de ingresos de un país? Pues ese escenario conforma las pesadillas nocturnas de los propietarios locales, contratistas y algunos temporeros. A esta angustia hay que sumarle la incertidumbre que genera la desinformación que rodea a esta enfermedad: sólo se sabe que es una bacteria lo que la produce, al ‘anidar’ en los cortes abiertos de la planta y que se propaga por el aire y por el contacto directo de superficies ya infectadas con alguna parte abierta de la planta. Éste es el primer año en el que deben hacer frente a esta amenaza y prevenirla en la medida de lo posible, el problema es que no saben exactamente cómo. Esto trae como resultado la neurosis colectiva y la creación de una nueva tarea dentro del huerto: la de pintar los bays. La idea es sencilla; ¿que la bacteria infecta al árbol por los cortes?, pues… ¡tapamos los cortes! Y, ¿con qué?, pues… ¡con Titanlux de toda la vida, que la pintura bactericida es mucho más cara! Así que el que poda y ordena las ramas tiene también que pintar todos los cortes que le hace al árbol. Os ahorraré el tener que hacer cuentas, pero la protección absoluta del huerto significaría no poder olvidarse de dejar el churretón de pintura en ninguno de los más de millón y medio de cortes consecuencia de la labor de tying down. Parafraseando a otro filósofo: lo que no puede ser, no puede ser… y además es imposible. Dado que los contratistas no se fían de las dotes pictóricas de la masa de trabajadores, han decidido crear un grupo de élite integrado por cuatro veteranos de Vietnam prófugos de la justicia, asociales pero con grandes ideas, encargados de velar por el correcto sellado del gritón de trillones de cortes que hay por todo el huerto (ah, y bien pagados). Quality Control, lo llaman algunos. Si los necesita, quizá los encuentre y pueda contratarlos. Nosotros somos dos de ellos.

Hasta que el Sol se esconde y las nubes parecen estar al rojo vivo; recoges tus cosas, te despides de la gente hasta el día siguiente, en el que te volverás a llenar la piel de arañazos y los bolsillos de un puñadito de dólares más.

Un viejo amigo me dijo que mataría por poder tener el color carmesí en la paleta cromática de su vida; meu, sólo tienes que contemplar el ocaso neozelandés durante el camino de vuelta a casa.

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Responses

  1. Ha valido la pena esperar por vuestro post, sí señor, muy bueno, aunque sigo exigiendo un “flashback post” contándonos algo de Tailandia.
    Ya le diré a Pepe el frutero que lo habéis mencionado, y le compraré un kiwi conmemorativo.
    Un abrazo a los dos y seguir “working on a dream though it can feel so far away…”.
    Saludos desde Santiago, un triste 4 de agosto.

  2. michos,
    que responsabilidad que el final mundial del kiwi dependa de si se os pasa un ramita sin pintar.
    Los kiwis gallegos de momento estan estupendos, así que os desinfectaremos cuando volvais, no vaya a ser.
    Os echamos de menos, os queremos un poco y estamos contentos, si vosotros lo estaís.
    Recibid nuestro ánimo en el curro y el ahorro.
    Unos abrazos fortisimos

  3. Qué alegría volver a leeros!! Estuve quizás un poco o bastante desconectada, pero me estoy poniendo al día de vuestas aventuras, y me estoy dando cuenta de que estoy bastante atrasada. A partir de ahora os tendré muy presentes mientas me coma kiwis neozelandeses (uno al día, para echarle un cable al complejo proceso intestinal). Disfrutar mucho!! Muchos besiños!!

  4. Qué ilusión conocer vuestra furgo en fotos!! Muuy didáctico todo lo referente al proceso del kiwi, da un pelín de miedo lo de la enfermedad contagiosa… me recuerda al picudo rojo que llegó a levante por avión en unas palmeras para un campo de golf y como la pólvora se está comiendo todas las palmeras datileras a su alcance arrasando (incluidas las de los jardines centenarios de Elche!) y tampoco saben cómo frenarlo.
    En fin, mis amores de las antípodas, muchos ánimos en vuestro proceso de orden externo e interno! Ya se os echa de menos!

  5. Como siempre, el post mola ganso. Qué acojone lo de la PSA, a ver si va a ser verdad que el mundo se acaba en 2012… Por cierto, la fragoneta tiene calefa? o sus teneis que apañar con el edredón y el calor humano?

  6. Grandioso! non se me ocurre outro calificativo. Cando a PSA acabe con todo ahí, videvos para aquí e montamos un huerto de kiwis como dios manda.
    Sí señor! quality control! ahí é nada, chegar e facerse os jefazos, jejeje.
    Por cierto, sí que flipei co do panyabí. En mi vida sentira de tal idioma.
    Bueno, seguide así, pero se eso ide tirando esa roupiña e ide a algún mercadillo, que por ahí seguro que tamén os hai.

    Veña saludos e un abrazo fuertísimo!

  7. Qué guay saber de vos.El post es redondo;me ha encantado.Le enseñaré las fotos a Marcos para que conozca a Chatanooga.El avión que le compraste ha tenido mucho éxito en el parque infantil;casi hay ostias y todo.Yo también quiero un flashback post;así que cuando tengáis un momento,contarnos lo del incidente con el conductor de tuc tuc….
    Os mandamos enooormes abrazos que os darán fuerza para seguir trabajando en vuestro sueño.
    Hasta la próxima.

  8. El post lo he leido de principio a fin casi sin pestanhear emocionado y admirado por esa forma magistral de narrar. Gracias por ese don.
    Estoy encantado de conocer a Chatanooga. Por cierto que Glenn Miller escribio una cancion con ese nombre (es que busque en Google).
    http://www.youtube.com/watch?v=g3gsPBTmbRo
    Me alegro mucho de que hayais ascendido de categoria a base de demostrar que haceis siempre el trabajo con calidad. Eso es un seguro abre puertas. Vais camino de alcanzar el NZ dream. Una vez alcanzado… pues a otra cosa (Born to Add).
    Besos desde casa a los dos masters del kiwi. NZ esta salvada!!

  9. Un video mejor que el anterior:

    From the film “Sun Valley Serenade” (1941), featuring Glenn Miller Orchestra, Tex Beneke, Paula Kelly and The Modernaires.

    Alegria!!

    Chatanooga es la furgo mas amorosa del mundo!!

  10. La de cosas que aprende una con vosotros… 🙂

  11. Vaya, parece que cada día teneis un duro trabajo.
    Sólo ahi una cosa que no me ha quedado clara, Cuando acabais el día y os lavais las manos ¿Os dejais las monedas pegadas con celo hasta los días siguientes como la ropa?.

    Me gusta vuestra furgo y lo bien ordenada y limpiña que la teneis.

    Disfrutad de la vida y ser felices.

    un saludo, papá Diego.

  12. ya sabia yo que por eso me gustaban tanto los kiwis, menudo trabajo da producirlos para el poquito que da comérselos….
    la furgo mola mazo…. yo quiero una igual….
    sois el fiel reflejo de lo que me gustaría hacer a mi, pero ya se sabe, al tener un niño la cosa no es igual…
    ánimo y seguir publicando cositas…..

  13. Ey! me encanta vuestra furgo y he aprendido muuucho sobre los kiwis! seguro q algun dia me gano algun quesito del trivial con una pregunta sobre el tying down…
    Petons y animos dsd bcn!


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