Posteado por: Benjamin | 4 diciembre, 2011

Longa noite de kiwis

Parece que fue hace siglos (no diré oscuros) cuando comenzamos a trabajar en la huerta. Se podría decir lo mismo del lapso de desinformación en el que hemos tenido tanto a amigos como a familiares, algunos de los cuales habían comenzado a poner en práctica métodos de extorsión y chantaje propias de la mafia calabresa, con el fin de forzarnos a darle a la tecla más a menudo. Finalmente han conseguido su objetivo sin tener que recurrir a animales muertos en la cama (a mayores de los que ya suelen incluir de serie los moteles de carretera de la zona). Pero no es eso lo que me ha animado a escribir, sino el tener la sensación de fin de ciclo; y no me refiero al 20N, aunque todo está relacionado. Es hora de reivindicar la verdadera semántica de la palabra crisis. Deshechar lo inútil y aprovechar lo aprendido, reinventarse, no malgastar la oportunidad, reescribir y emborronar párrafos para que la obra en conjunto salga fortalecida. Es, al fin y al cabo, un aliciente de esta vida que sirve como terapia de electroshock para mantenernos despiertos. Es una putada levantarte un día y enterarte de que Dios ha muerto (¿fuiste tú?), pero no puedes por eso quedarte en casa viendo fútbol todo el día, Nietzsche dixit. Punto final al ostracismo, comienza nuestro resurgir.

Cuando decidimos poner nuestro viaje patas arriba y venir a Nueva Zelanda también se terminó un ciclo. Se acabó el levantarse cuando quisiéramos, el puro placer de conocer y visitar sitios, la adrenalina o el impulso como leit-motiv, el ocio cómo y cuándo fuera… El abanico de opciones y acciones se cerró de súpeto. Y todo porque decidimos que queríamos más de eso, por lo que íbamos a necesitar unas cuantas ‘lucas’ más. Y, lo sabéis todos, cuando conseguir dinero es tu motor vital, uno no se lo pasa tan bien, ni tiene tantas cosas que contar al margen de las tediosas conversaciones sobre trabajo (monólogos, casi siempre). Está claro que el cambio siempre implica un sacrificio, pero hay que mantener la vista en el premio.

 Ayer nos despedimos con un apretón de manos de nuestro(s) jefe(s) – casi seis meses trabajando en esa empresa y todavía no tenemos muy claro el organigrama, a excepción de que todo el mundo está por encima de ti, siendo la Iglesia la dueña de todo; vamos, como la vida misma. Fuimos testigos de excepción de cómo las entrañas del principal sector económico del país se corroían en forma de enfermedad del kiwi, bautizada por algunos como el SIDA del reino vegetal. Ya con el caso de los humanos hubo quien apuntó a un castigo divino a los sodomitas como la causa de la pandemia; aquí no faltan voces que digan lo mismo colocando la avaricia como detonante de la ira del de ahí arriba. El país se hunde (qué oportuno lo del Rena) y no le queda otra que cambiar. La prueba de que así está siendo está en que cuando llegué esto era un huerto de kiwis y ahora abandono un futuro huerto de melones (que empiecen a sonar las alarmas en Villaconejos). Todo período de crisis demanda una toma de decisiones urgentes, pero en esta afirmación está tanto la clave para comerse el mundo como para que sea el mundo el que te coma a ti. Un día, un señor con brillantes zapatos de cuero se bajó de su impoluto todoterreno en la huerta, visión antagónica con las decenas de trabajadores que a esa hora estaban bregando con las putas ramas y poniéndose de pintura hasta las caries. El que esa persona sea el que haya tomado las decisiones durante este período de crisis es un hecho. El que la única motivación de esas decisiones – que afectarán a miles de personas – sea su propio beneficio, es otro. Como véis aquí las cosas no son muy diferentes a como lo son en el Viejo Continente. Le toca a Nueva Zelanda pasar ahora por una larga noche, este paraíso de gente ‘provinciana’ que nunca ha vivido malos tiempos, en palabras de una kiwi. Y ellos también han elegido Gobierno hace unos días. ¡Pobres de nosotros! Como dijo Galeano, somos libres para elegir la salsa en la que queremos ser cocinados, una salsa que se ha tornado de un sospechoso color azul últimamente, primer indicio de que algo empieza a pudrirse.

Seguramente os esteré sonando melancólico y, en parte, no os equivocáis. No es nada de lo que preocuparse. En momentos de cambio surgen tendencias esquizoides; algo muere y otra cosa nace; hay que armonizar las dos vertientes de sentimientos, como el ying y el yang. Cada dupla de emociones encontradas son las dos caras de las monedas que conforman mi cofre del tesoro: hartazgo y motivación, cansancio y fortaleza, náusea y placer, insignificancia y trascendencia, impotencia y expansión. En pocas palabras, alegría y tristeza.

Nos vamos, por fin, de la Isla Norte. Las últimas semanas se han hecho especialmente largas y, a pesar de que el trabajo seguía sin ser duro y, honestamente, podríamos seguir en nómina durante un tiempo más, algo dentro de nosotros nos decía que teníamos que seguir nuestro camino. ¿Es una buena decisión? No lo sabemos, al menos es una decisión completamente autónoma, sin que ningunas siglas amenazantes vengan a decirnos lo que tenemos que hacer. Teníamos una sensación de estancamiento que había que atajar de alguna manera. El sitio – y la gente, por qué no decirlo – estaban pudiendo con nosotros, especialmente conmigo, a pesar de lo cual veríamos como la realización de un logro personal el poder – literalmente – recoger lo que hemos sembrado y volver en marzo durante la cosecha (si es que hay fruta que recolectar). Se cerraría el círculo; la vida está llena de ejemplos bonitos y válidos.

Nos lo hemos pasado bien en el huerto. Llegamos al punto en el que nos gustaba ir a trabajar  y levantarse todos los días no representaba ningún esfuerzo. La situación soñada. Condujimos tractores y quads, cargamos toneladas de metal con nuestras manos, plantamos melones, podamos todo lo podable y, sobre todo, caminamos y caminamos. Interminables caminatas a lo largo y ancho del huerto, María a un lado de la planta, yo al otro, escrutándola en el más mínimo pliegue (a la planta también), con todo el día por delante para sentenciar a muerte con la mano izquierda y arreglar el mundo con la derecha. Algún día transcribiré algunas de nuestras conversaciones durante las maratonianas jornadas de trabajo, germen ideológico fundacional de la I Internacional de Inadaptados con Alto Grado de Volubilidad Reaccionaria. Miles de plantas cayeron a manos de la infección y nuestra labor comenzó a no tener sentido, la frustración se apoderó del grupo y, finalmente, el Emperador ordenó su disolución y declaró proscritos a los miembros del PSA checking team, conviertiéndose desde entonces en un culto clandestino. Muchos de ellos perdieron su trabajo o se vieron abocados al autoexilio en sistemas recónditos de la galaxia. Cada día podíamos ver los efectos del rodillo y la plantilla del huerto no era ni la tercera parte de lo que sería en una temporada normal. Tiempo para cambiar y alejarnos de estas malas tierras.

En lo referente a los dóndes. Hemos pasado casi tres meses viviendo en la furgoneta, mayormente aparcados en el jardín de un motel de carretera. En los dos meses más crudos del invierno nos trasladamos a una de las habitaciones para guarecernos del frío y darnos un atracón de televenta. Para que os hagáis una idea de lo que es el Paengaroa Motor Lodge deciros que es como si el avión de ‘Con Air‘ se estrellara en el patio del frenopático de ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ y los supervivientes decidiesen fundar un motel. Y no limpiarlo jamás. Los baños públicos son un insectario, las visitas de la Policía realizando el seguimiento de los recién reinsertados son frecuentes (alguno hay todavía con pulsera de localización), una mano invisible hace desaparecer la comida que dejas inocentemente en el frigorífico común (que ironía, otra vez la vida está llena de ejemplos bonitos y válidos) y continuamente escuchas a individuos discutiendo airadamente con sus amigos imaginarios. A todo el mundo parece faltarle un tornillo o estar puesto hasta las trancas (o ambas cosas a la vez). Incluso una persona murió en circunstancias todavía por aclarar. Y, en medio de todo esto, una pareja de españoles viendo el circo de la vida acontecer ante sus ojos. Por cierto, tras cinco meses mentando el nombre de nuestra madre Patria, hemos dado el caso por imposible, ya que hemos comprobado que cuatro de cada cinco kiwis no sabe que España es, de hecho, un país; y los que así lo consideran muestran ciertas lagunas educativas al localizarlo en algún lugar al sur de los Estados Unidos. Tras todo este tiempo y decenas de conversaciones al respecto, los gerentes del motel todavía nos consideran argentinos. Por no mencionar el caso extremo del adolescente que da por hecho que en el mundo existen tan sólo dos idiomas (el inglés y el ‘otro’) y nos pide que le ayudemos a entender las opciones de un Windows configurado en coreano, porque, según él, “ése es el idioma que habláis, ¿verdad?”.

He de confesar que no me gusta la psique de los kiwis. Sí, siempre dan las gracias y los buenos días con una sonrisa, siempre habrá alguien para ayudarte si te pincha una rueda, los pueblos son tranquilos y la vida es sencilla. Pero en mi opinión los contras ganan la batalla y es  complejo entenderlo sin estar aquí. Siempre digo que tienen ese ‘síndrome de isla’, en este caso mucho más extremo, al estar a miles y miles de kilómetros de otra cosa que no sea su venerada y odiada Australia. Es un país joven, con problemas jóvenes, siendo la inmigración uno de ellos (y el que mejor conozco) y la manera de pensar de la gente no está, digamos, demasiado ‘pulida’ en combates ideológicos. La gente sencilla tiende a pensar de manera sencilla, incluso en relación a sus propios compatriotas y verdaderos dueños de la tierra, los Maoríes, minoría marginada, etnia estigmatizada y recluída en casas de latón en sus propios guettos. Por no hablar de los indios, cada vez peor considerados por atreverse a ser propietarios de una vivienda en el otrora all-white neighborhood. La gente busca respuestas en estos tiempos, y este país es terreno abonado para ganar fieles y que pasen por caja, cada uno enarbolando los colores de ‘su’ verdad cada fin de semana, como si de hinchas de un equipo de rugby se tratase. Baptistas, Presbiterianos, Adventistas, Testigos, Metodistas, Evangelistas, Jesucritter de los Santos de los Últimos Días, sinagogas, mezquitas, todas una al lado de la otra en al mismo bulevar, la milla de oro de la salvación, el paseo de las estrellas pías. Pasen y vean, si no queda satisfecho le devolvemos su trocito de cielo. Esto es Agroland, en donde llevar pantalones ridículos de hacer deporte al nivel de las ingles como vestimenta nacional no está reñido con los ceros en tu cuenta bancaria (ni con el déficit de neuronas). No todo el mundo es así, creo que no hace falta que lo diga. Dejamos atrás, también, verdaderas amistades y gente con la que hemos aprendido mucho, aunque en ocasiones su falta de adaptabilidad social o su filia por la botella no les hagan arquetípicos patrones de sabiduría. O quizá por eso lo son. En cualquier caso, también hemos amado mucho, que es lo importante.

Nos vamos a la Isla Sur. A lo que venga. Cerezas, uvas, mandarinas, reconstruír Christchurch… Moralmente agotado y espiritualmente ansioso e impaciente. Nos vamos a tomar unos días para viajar y ver país, aunque algunas cosas ya hemos hecho y os queremos contar en las próximas entradas.

“Te hubiera dado más de lo que me robas – le dije al Norte cuando me fui para el Sur”. Lo cantaba Sabina y resume mi ensoñación en esta longa noite de kiwis. Cada vez hay menos hijos de la revolución y más hijos de puta.

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Responses

  1. Bueno, pues seré yo el que inaugure la sección de comentarios.

    Por fin, mis amenazas y coacciones han tenido efecto y os habéis decidido a escribir uno de esos post que son pura literatura y que tanto me gustan.

    Estamos muy contentos de tener noticias vuestras de nuevo (por escrito, que ya sé que llamáis habitualmente, aunque no me pilléis casi nunca en casa) y de que mi blog favorito haya cobrado vida de nuevo, que espero que continúe con las aventuras en la Isla Sur.
    Lo que más me ha traumatizado de lo que habéis escrito es lo de que un tío cree que sois argentinos….nooooooo!!!cualquier cosa menos eso!!!Prefiero incluso ser francés!!!

    Voy a avisar a mamá de que habéis escrito, le llevaré el portátil y se lo enseñaré, aunque tendré que ampliarle la letra para que la vea mejor.

    Aquí en España estamos en pleno puente de la Constitución, las ciudades engalanadas para la Navidad, 10 millones de desplazamientos en las carreteras, los centros comerciales llenos de gente comprando regalos y comida, 45.000 personas agotando en un día las entradas para Bruce Springsteen en Barcelona…en fin, como decía aquel disco de mis “queridos” Supertramp…CRISIS?WHAT CRISIS?

    Un abrazo y feliz cumple, Marichi!

  2. Por fin!!!! Se os echaba de menos, creo que todos estábamos ansiosos de leeros y de saber de vosotros.

    Pasadlo genial, disfrutar, ser felices y cuidaos mucho!

    Felicidades Marichi!!!!

  3. Feliz cumpleaños Marichi!

    Hay que ver, Benjamín, qué pedazo de escritor te estás volviendo! Aunque me has dejado un regusto amargo… Espero que las cosas os vayan mejor allá donde se os ocurra iros ahora… Alguna idea, de momento?
    Se os echará de menos, una vez más, por Navidad.

    Un beso a los dos!

  4. FELIZ VIAJE AL SUR.
    El sur por norma es más alegré y siempre tiene más bares.
    Espero lo paseis chachipiruli
    nosotros en esta lluviosa tierra os añoramos.
    bss, abrazos, apretas, arrechuchos

  5. Veo por la fecha de los distintos comentarios que todos estábamos ansiosos y expectantes de un nuevo post que nos pusiese las pilas de nuevo para que nuestra imaginación volase con vosotros.
    Además este post es un compendio magistral de lo que hemos hablado en nuestras conversaciones telefónicas de los distintos temas. Como dice Iñaki, es literatura: narrativa, poesía, ensayo e incluso autoayuda.
    Ponernos otro antes de Navidad, por favor.
    Copiando a la madre de Marichi: bss, abrazos, apretas, arrechuchos para los dos.

  6. Cagondiola, Mon!
    Que se me olvidó felicitarte tu cumple!
    Bueno, a lo mejor hoy allí todavía es día 15, pero aquí ya es 16.
    Un abrazo!

  7. Hola Benjamín, soy Jose, el hermano de Miguel. Hace tiempo que os sigo pero no me había decidido a escribir. Menudo viaje que os estáis pegando, es incluso más emocionante que un concierto de Bruce, eso sí, aunque no tanto como uno de U2, jejeje (por cierto, ya tengo las entradas para ver al Boss en Madrid y San Sebastián).
    Bueno, pues solamente desearos que os siga yendo todo bien (y a ver si escribes más a menudo)
    Un abrazo.
    P.D. El tema de tu apendicitis fue sencillamente acojonante. Hacía tiempo que no me reía tanto mientras te leía tu “versión” de lo ocurrido.

  8. Hola… e estado durante meses tratando de germinar plantas de kiwi, a la fecha diciembre 2013 con un amigo, logramos dar con unas plantas. me entusiasma las plantas exóticas. tengo seis plantas de kiwi y me gustaría poder plantearlas de la mejor manera y dar con un rico fruto, vivo en Costa Rica, Santa Bárbara… gracias.


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