Posteado por: Benjamin | 4 agosto, 2012

Vas a la playa y llueve

Pues te jodes. Regla inferencial que aprendí de muy niño del gran Pedro Reyes. Puede parecer un aforismo soez y carente de sentido, pero estas sabias palabras encierran una de esas verdades demoledoras que, de vez en cuando, pasamos por alto porque sencillamente vuelan muy bajo para ser captadas por nuestros radares fabricados para sondear sólo las ‘grandes verdades establecidas’. Si puedo haceros aunque sea tan sólo vislumbrar los quilates epistemológicos de esta afirmación surgida de la etílica mente de un humorista de la España de TetaCinco, habré cumplido mi misión ¿Qué puedes hacer cuando la lluvia hace acto de presencia para aguarte -nunca mejor dicho- tu programada excursión estival a tu arenal favorito? Pues nada, mirar las gotas caer. Y, ojo, esto no es una apología del conformismo ni del mexan por nós e dicimos que chove. Todo lo contrario. No podrás mejorar tu tono bronce – aunque es hora de que asumas que hace tiempo que cruzaste la frontera entre ‘moreno’ y ‘naranja’, tus amigos jamás osarán espetártelo en la cara -, no podrás socializar demasiado ya que la inmensa mayoría de gente ha optado por un plan más casero, olvídate de sacar la cacharrada musicofestiva, ya sea iPod, móvil o radiocasete de dos pletinas sin antena y con un agujero en el lugar donde una vez estuvo el botón de fast forward. Estás bastante jodido. Punto. Y tú tampoco enviaste tus sms a la pandilla ni llenaste la bolsa de playa para luchar contra los elementos. Ya está, no te amargues más. Puede que los eruditos se me echen a la yugular al cometer semejante malinterpretación de los cánones, pero creo que Kant decía que siempre que algo sucede o ‘se representa’, hay algo que, simultáneamente, no sucede o ‘no se representa’. Dos caras de la misma moneda. Por cada fotografía que saco o cuelgo en el blog hay otra que ni saco ni cuelgo, y son todas igual de reales. Lo que pasa es que nosotros creemos que siempre estamos del lado de las cosas que suceden y no de las que pueden suceder. Os podré contar mil cosas en este blog y jamás tendréis ni repajolera idea de lo que realmente está sucediendo; eso es lo difícil, el contar y vivir cosas que están del otro lado del espejo, que suceden porque algo no está sucediendo. Una playa lluviosa es el último sitio en el que al chulo de chiringuito le gustaría estar, pero la cosa cambia si lo que quieres es ver hordas de diminutos cangrejos haciendo su danza a la puesta de Sol. Estoy desvariando. Tengo un tapón de cera en el oído izquierdo tan grande que me pondría montar solito una galería en plan Madamme Tussaud y creo que está haciendo presión en los nervios cercanos al bulbo raquídeo y hace entrar en un estado de severa verborrea. Eso o es que soy un papanatas.

Crepúsculo en Sandugan, en la arena miles de cangrejos.

Queda dicho

Arrozales. Siquijor

Toda nuestra estancia en Filipinas la disfrutamos durante la época de monzón. Ese visitante anual no invitado de lluvias torrenciales. Y por delante teníamos unos cuantos días visitando playas y buscando tranquilidad. Nos llovió, y mucho, y nos jodimos, por supuesto, pero no podría haber sido mejor.

No hicimos nada, además de hacer cosas. Incluso en un caso aparentemente tan sencillo como es éste, no os puedo contar nada de lo que no hicimos y sólo un poquito de las que nos hubiera gustado hacer.

Empezamos por Sandugal, en la isla de Siquijor. Bonita cabaña a la orilla de la playa con puestas de sol evocadoras. Todo eso queda en un segundo plano cuando lo comparas con una resaca de ron Tanduay, botella cuya graduación resultó ser inversamente proporcional a su precio. Y eso que su etiqueta certificaba la consecución de varias medallas en certámenes internacionales en círculos tan prestigiosos y refinados como París, Amsterdam y Castroforte del Baralla. Tan bueno era el contenido como el continente, ya que nada más desenroscar el tapón me llevé por delante algún cacho de vidrio de la boquilla lo que provocó que a cada sufrido sorbo me llevase de regalo un tajo más en la lengua. Las bebidas alcohólicas típicas de los sitios suelen tener todas un denominador común: son una puta mierda con más similitud molecular con el aguarrás que con otra cosa. Esa noche, Marichi tuvo que poner en práctica todas sus dotes de oyente para poder aguantar y digerir sin amordazarme con la mosquitera la sarta de paridas y gilipolleces de las que me puse a hablar.

Por Larena, Siquijor

Ella es la que manda. Ella me lleva a todos sitios. Llenó de barro la moto, pero fuimos a los cuatro rincones de la isla y, como recompensa, ellos le pusieron su nombre al pueblo en que hicimos una parada para comer: María. “María es bonita”, decía el cartel, ¿qué más puedo añadir? No sé de dónde salieron todas las cosas que no hicieron posible un momento diferente a ése, pero el caso es que así se nos representó. Siempre querré volver a María, eso lo tengo claro. Y si vemos un chaparrón en nuestro camino, damos media vuelta y bordeamos la ruta. Nos llovió mucho y nos tuvimos que joder por tener esos momentos inolvidables. ¿Me seguís? Claro que no, pero me conocéis mejor que yo mismo.

En la isla de Apo las habitaciones estaban infestadas de esas ratitas regordetas con vientre rosado. ¿Y qué vas a hacer? ¿Cambiarte? Me temo que su radio de actuación comprendía la isla entera. Pues a joderse, y ser feliz en el lugar en el que vi mi primera tortuga marina (son seres casi mágicos que parecen estar de vuelta de todo). ¿Pero cuántos tipos de coral existen? Pues tantos como los que no existen, pero ésos no salen en el National Geographic. Auténticas catedrales submarinas al borde de oscuros abismos, nunca semejante espectáculo se había deplegado ante mis ojos. Supongo que soy un tío más tendiente a la contemplación que a la acción y dejarte mecer por el mar mientras observas por esa ventanita todo lo que no pasa en la superficie es como un colchón balsámico del que sólo el hambre o la insolación podían hacerme retornar a tierra firme. Los niños que al atardecer salían a jugar en la playa no eran los mismos que con los que yo perdía el tiempo haciendo fuertes con la arena cuando era un crío. Pero sus sonrisas sí lo son. ¿Os imagináis que en Paraíso cuelgan el cartel de “Cerrado por derribo”, pues eso mismo sucedió aquí. La joya de la corona de la isla era un santuario de coral al que se llegaba tras cruzar el único y diminuto pueblo que había. Normalmente congregaba hordas de feligreses dispuestos a hacer la comunión con el Mar. Y de uno en uno, que éste no es lugar para agobios. Pues nos jodimos, y mucho, al contemplar el letrero que rezaba la defunción del santuario a causa de un reciente tifón. El arrecife destrozado. Aquí no hay nada que ver, amigos, circulen. No vimos el santuario, ni se echó en falta. Al fin y al cabo, ¿qué puede uno hacer contra la fuerza inconmensurable de un tifón? Pues cantar bajo la lluvia y dejar pasar el tiempo mientras estás satisfecho de haber llegado hasta aquí para caminar entre roedores. Colgados al sol, en una bangka, todavía están secándose nuestros bañadores olvidados, huérfanos de piernas y torsos, que decidieron hacerse los suecos y quedarse ahí, en la isla más diminuta en la que yo haya estado.

Lo mejor está en el fondo, no os lo puedo enseñar

El deporte nacional en Filipinas. Isla Apo.

Al atardecer, en Apo.

Calle en el pueblo de Apo

Vistas desde la habitación ratonil en Apo

Que no te amarguen el día

Y, por último, la lengua de arena blanca por excelencia de Filipinas, Boracay. Te la comes con los ojos. Todo lo que no me gusta de una playa estaba ahí. Y qué bonita es. Puro idealismo trascendental. La idea de playa es Boracay.

Como comentaba, todo lo que sucede trae consigo algo que no sucede y Palawan, isla a la que marginamos, perla de Filipinas, quedó así guardadita bajo siete sellos en la caja de los no-fenómenos esperando a que en alguna parte de nuestro viaje dejemos de hacer algo que nos haga recalar allí.

Para concluír y parafraseando el título de la tesis que Hedwig había escrito sobre la influencia de la filosofía clásica alemana en el rocanrol:

You, Kant, Always Get What You Want.
Creo que me ha subido la fiebre.

MARICHI: – A Benjamín se le va la olla…

Boracay, ¡sí!

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Responses

  1. Me gustaria ser una tortuga de esas que te dejan admirado pero todavía hay cosas que me sorprenden y me apasionan. Preciosas fotos de la tierra que vio nacer a tu tatarabuela paterna.

    But if you try sometimes you just might find
    You get what you need

    Besos.

    • Tú eres dinosaurio, papi, que sorprenden y admiran más que las tortugas. Te lo digo con cariño, ¿eh?, no te lo vayas a tomar mal. 🙂

  2. Aún me acuerdo de aquel monólogo de Pedro Reyes…”Vas a la playa y llueve…y te jodes” (debemos tenerlo todavía grabado en algún VHS perdido por una estantería).¿No era el mismo monólogo en el que homenajeaba a “Fitipardi”? Fitipardi…Fitipardi…tú eres el más fiti, tú eres el más pardiiii….Surrealista, como este último post tuyo.XD

    • Jajaja. ¿Quién grababa todos esos vídeos? Si es que sin esta familia que tengo no iba a estar yo tan pallá. Juraría que también es la misma grabación en la que le rezaba a San Martín de Porres para que hiciese viento porque tenía que correr una regata o algo así. La leche. Cuando tenga un rato te respondo al correo londinense (me ha molado mucho). Un abrazo para ti y para Sandra.

  3. excelente como todos tus post

    • Gracias, Albert. Nos hace especial ilusión que nos escriban lectores ‘anónimos’. Como te imaginarás el grueso de entretrenes son familiares y amigos. ¡Cuéntanos más de ti! ¿Qué se pasó por la cabeza para ponerte a leer este blog, alma de Dios? Excelente el que nos hayas escrito.

  4. Chicos, cuánto tiempo!!!!!!!!! No sé cómo me alejé, pero vuelvo. Y os veo mayores, guapos, y ricos…. Os quiero, mil besos!!!!!!!!!

    • ¡Qué alegría, Conchi! Bienvenida de nuevo, vuelve todas las veces que quieras. Lo de mayores y guapos tiene un pase… ¡pero ricos! Ricos de comer, ¿no? Vente rápido a darnos unos mordisquitos. Te queremos pucho.

      • Claro que estáis ricos, de sueños, de experiencias, de vida…. Me hizo muy feliz el reencuentro. Lo de vernos por el mundo, complicado, lo de ciudadanos del mundo no es tan fácil según sea el color del pasaporte, peeeeeero nos seguimos por aquí, claro. Os tengo que enviar una foto de la familia de por aquí (menos el que está por llegar, que aún no sale, jejeje) besos!!!!!!!!!!

  5. Hola Benjamín un saludo para ti y mariachi.
    Soy de valencia tengo 44 años y viajo desde los 25 pero solo en periodos vacacionales.
    En dos días salgo para Bangkok camino de laos, Siemp Reep, y vuelta de Singapur
    Buscando por internet un poco de información un enlace me llevo a otro y tuve la fortuna de dar con entre trenes y andenes pero no me encontré con información práctica que me dijera dónde comprar un billete de autobús ni su precio, pero si me encontré una extraordinaria literatura viajera, verdaderamente tienes un don no lo desaproveches.
    Hace seis meses que os sigo y desde luego he leído todos vuestros post no suelo participar mucho en blogs por eso no he escrito antes

    ¡Por cierto ¡Meda un poco de envidia ver la familia tan inteligente que tienes un saludo para ellos también.

    • Nos das una alegría enorme al acompañarnos, Albert. Gracias por los halagos, viniendo de un viajero con tu rodaje es todo un honor. Por cierto, estaremos ‘atrapados’ en Bangkok durante los próximos días (incluso semanas). Si estás por ahí y te apetece tomar un batido de mango no tienes más que llamar a esta puerta, está siempre abierta.

      Un saludo

  6. Ojo con el trio calabria de “Wanted”! que son peligrosos!! ;P
    Aiiix como añoramos Filipinas al mismo tiempo que nos reímos (y de que forma) con tu manera de contarlo… Benjamín el premio Planeta no te queda tan lejos jaja

    Un abrazo pareja y da gusto veros así de bien!

    pd. ya tengo curro pero no es en IT… es en DW (dishwasher!! :O)!!! jajaja

    • Tremendo! El Planeta? Más bien el Universo Paralelo de narrativa en fascículos.
      Somos del gremio, Carles, aunque a mí me llamaban KP (Kitchen Porter).
      Mucho ánimo y otro abrazo muy mantecoso, que aquí hace un caló…


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