Posteado por: Marichi | 17 agosto, 2012

Como los balineses en días de fiesta

Ya me iba tocando dejar de hacerme la remolona y escribir un poco. Así descansa Benjamín y, de paso, todos nosotros, que leer un post suyo puede generar dolores de cabeza e, incluso dolencias peores, si te los tomas muy en serio. Jijiji.

Aterrizamos en la isla de Bali -después de 18 horas de escala en el aeropuerto de Singapur, ¡jarl!- el 18 de julio y nuestros mayores temores se confirmaron en cuanto llegamos a Kuta, ciudad más cercana al aeropuerto y, probablemente, la más visitada de Bali, aquello era como Benidorm a la indonesia. Aprovechamos nuestro día y medio de estancia allí para comernos un añorado pincho de tortilla y un bocata de jamón ibérico en Casa Pedro, bar español.

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Templo hindú en Kuta

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En Padang Bai

Nunca podríamos haber imaginado que llegar a las Islas Gili desde Bali (alrededor de una hora, hora y media, en lancha) en transporte público nos llevaría más de 24 horas, unas cuantas broncas, amenazas con llamar a la policía, etc. El caso es que, un autobús, un ferry, un “bemo” (transporte local indonesio), una furgoneta (ver foto), un carro de caballos y una barca más tarde; llegamos a Gili Trawangan, la única de las tres islas Gili que no queríamos visitar, cosas del destino…

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Esas gafotas que se ven dentro pertenecen a Benjamín

No os habíamos dicho que en Manila nos compramos nuestras propias gafas y tubo de buceo, para no tener que andar alquilando tubos chuperreteados por 274 personas antes que tú, gafas que no se ajustan y acabar pagando en una semana el valor de un equipo nuevecito. El caso es que, desde que las tenemos, lo llevamos a todos lados “por si acaso”. Nos encanta bucear, es otra historia; de verdad que merece la pena cogerse el avión hasta Indonesia, Tailandia, Filipinas o Malasia sólo por ver lo que hay debajo del agua. Nosotros no tenemos cámara subacuática, ni una funda de plástico de ésas; además, es cierto que las fotos que puedas hacer nunca hacen justicia a lo que de verdad estás viendo; pero nos encantaría que pudiéseis haceros una idea de la pasada que es. Yo estoy intentando convencer a Benjamín para hacer el curso de submarinismo (el de verdad, con bombona, nada de tubitos) en Tailandia, pero no lo consigo…

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Gili Trawangan

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Gili Meno

El caso es que las Islas Gili son increíbles para lo del snorkel, la visibilidad es muy buena y pudimos ver muchos peces nuevos (nos estamos aprendiendo los nombres de las especies, en plan pro), tortugas y hasta un par de sepias que cambiaban de color. Nos quedamos con las ganas de los tiburones (que acojonan, pero también molan) y los caballitos de mar.

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Dándome un baño, Gili Air al fondo

En Gili Trawangan nos quedamos sólo una noche y de ahí nos fuimos a Gili Meno, mucho más tranqui y aún más pequeña: puedes dar la vuelta a toda la isla caminando en menos de un par de horas. La playa que nos quedaba más cerca de los bungalows es la más “completa” de todas las que hemos visto hasta ahora: arena blanca y fina, unos metros de aguas turquesa para bañarse y, enseguida, el arrecife de coral, para bucear. Nos podríamos haber quedado allí un mes entero, a veces es bueno que en estas islas pequeñas no haya cajeros…

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Esta foto sólo la sacamos por el gato…

Mirando al mar soñé, que estabas junto a mí…

De vuelta en Bali, nos dirigimos hacia Tirta Gangga, un pueblo famoso por sus terrazas de arroz y su “Water Palace”, mandado construir por un rajá que adoraba el agua y donde te puedes bañar en algunas de sus piscinas. Allí nos perdimos siguiendo las señales no excesivamente bien puestas de un hotel y acabamos caminando en medio de las casas de los campesinos, entre gallinas y perros ladrando. Le hicimos señas a un señor de que buscábamos un sitio para dormir y resultó que ellos tenían una habitación monísima que, obviamente, no utilizaba nadie desde hacía meses.

La mala vida

Water Palace

Desde nuestra habitación teníamos unas vistas preciosas a las terrazas que, por la noche, iluminadas por la luna se llenaban de una especie de luciérnagas pequeñitas brillando por todas partes. “Emmm, sí venga, estás de coña”. No, no lo estoy.

Desde nuestra habitación

Verde que te quiero verde

Pero lo que a nosotros de verdad nos gustó fue que, de camino al pueblo, pasábamos siempre por delante de una granja en la que había, sin exagerar, como 100 patitos pequeños. Ohhhh, patetes…

¿Venís a darnos de comer, o qué?

Desde Tirta Gangga, Benjamín con una resaca interesante después de haberse pasado la noche anterior bebiendo los chupitos de vino de arroz que le iban pasando unos locales aficcionados al cante y el guitarreo, nos fuimos a Amed, una zona de playas de arena negra, a bucear un par de días más. Uno de los supuestos puntos fuertes de la zona, un pesquero japonés hundido hace años resultó ser una cagada, ya que por culpa del viento no se podía ver nada; pero sí pudimos ver los restos de una estructura perteneciente a un templo hindú completamente sumergida, muy chulo.

Gunung Agung al fondo

Por cierto, la gente de Bali, esto sí hay que decirlo, encantadora, con interés genuino por hablar contigo, aunque no te puedan vender nada; algo que a veces se echa de menos por estos lares… Y desde ahí, dejamos atrás el reducto hindú que es Bali (dentro del gigante musulmán indonesio) y cruzamos hacia Java, pero ésa es otra historia.

Barcos pesqueros en Amed

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Responses

  1. Si venga va y dragones voladores que escupen fuego… luciernagas dices… si eso solo lo he visto en cuentos para niños jajaja!

    ufff soy muu malo haciendo bromas verdad?

    Cuanta razón que tenéis con lo del tubo y las gafas chicos! aunq nosotros fuimos un poco tontos ya que nos compramos nuestro propio equipo en Australia :S

    Un fuerte abrazo!

    pd. menos mal! ya tocaba un post objetivo, bien estructurado y ameno de leer ;P

    • Benjamín dice que te regala la colección de “Teo va a la escuela”.

      ¿Qué? ¿Envidia de nuestras luciérnagas en vuestra oscura y gris Auckland?, jejeje. ¡No nos dais ninguna envidia!

      Pues justo ahora estábamos en vuestro blog y nos preguntábamos por qué nos sale como último post el de “¿Y ahora qué?”. Creo que tenemos algún problema con el calendario o algo. ¿Cómo va lo del curro? ¿Te sigue manteniendo la Silvi? Jijiji.

      • nooo, bueno si, pero no mucho… curro los weekends (por ahora) de algo que a Benjamín le dejó las manos tocadas… I’m a dishwasher ouh yeah! eso sí, esperando mi oportunidad en el campo de IT aunque visto lo visto creo que me puedo ir replanteando mis objetivos…

        en la web lo veis todo bien!! la pregunta va con segundas no??? si ahora ya no tenemos mucha cosa de la que hablar… contar el camino que hay de casa al trabajo seguro que es muy aburrido ;P
        el siguiente post está en camino

        Abrazos pareja!

  2. ¡Aaaaayyyyyyyyyyyyyyy, cuánta envidia y cuánta morriña! ¡Qué bonito tó!
    Besos a cascoporro.

    • Mis padres ya me han contado algunas anécdotas divertidas de vuestro viaje estival en la nieve. Me hubiese gustado oírtelas a ti, intercalando carcajadas…

  3. La foto de espaldas en el mar es la leche!!!!! Me ha encantado!!!!
    Que sigais disfrutando mas y mejor!!!!!!

    • ¿Cuál? ¿En la que estoy de pie o en la que estoy sentada? En cualquier caso, el sitio increíble.

      Benjamín dice: “Mola más Santa Cruz, no te engañes, Montse”.

  4. Me encanta la fauna que describes; los patos, las luciérnagas (yo las vi de pequeña en Husca en el campo campo y flipé!! una pena que ya no se ven), el mundo subacuático… No me extraña nada que te apetezca aprender submarinismo, y lo de compraros vuestras propias gafas y tubo, menos mal, que chuperreteos sin disfrute los justos.
    Si llegáis a estar más cerca os dejamos las nuestras de decathlón (con aletas y todo) que están aburridas en un armario porque cuando las usamos nos dió un mareo porque había marejadilla, con unas nauseas después,que ahí están, nuevecicas y solitas como castigo. Allí no se pica nunca el mar?

    • El mar aquí es bastante tranqui. Además, nosotros estamos acostumbrados a las mareas de la Costa da Morte, chavala, ¿qué nos van a contar que no hayamos visto ya? =)

      Nosotros, buceando aquí, muchas veces nos preguntamos: “Y en España, ¿se verá algo?”, porque allí mi experiencia es poco más que ponerse un par de veces las gafitas en la orilla para ver cuatro pececillos. ¿Y, qué? ¿Se ve algo o no?

      Por cierto, estuvieron mis padres aquí de vacaciones y nos regalaron una cámara subacuática, ¡wueeeeee!

  5. Jo, que ganas de estar tb en indonesia. Aqui el verano llama a su fin y el otoño del alma llama a la puerta.


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