Posteado por: Marichi | 16 octubre, 2012

Ajuste de cuentas

Antes que nada, perdón por el retraso en el blog y la desinformación a nuestros fieles seguidores. Nos llegan vuestras quejas y admitimos que somos un poco vagos –bueno, bastante-, pero es que últimamente hemos tenido una racha con una rutina un tanto diferente en nuestra cotidianeidad viajera que ha hecho que, al menos a mí, me diese más pereza ponerme a escribir. Pero aquí venimos, a deshacer el entuerto.

 Tailandia es la gran olvidada de nuestro blog. Ya en nuestra primera visita al Norte del país, antes incluso de viajar a Nueva Zelanda, no escribimos nada sobre ella –ni sobre algunas partes de Laos o nuestra segunda visita a Camboya. Y ahora, aprovechando un viaje en tren en Myanmar (que no sabemos si va a durar 8 horas o 30, el lapso era así de variable según a quién preguntásemos), y con casi 70 días de aventuras y desventuras en la tierra de los Thais, ya va siendo hora de enmendar semejante injusticia. En Tailandia hemos vivido muchas cosas memorables: visitas de padres y amigos, pasar un par de semanas en casa de unas colegas into the wild, que nos aceptaran el visado para NZ, curso de submarinismo, largos tratamientos dentales (y éste ya es el cuarto país en el que visitamos el dentista, después de Camboya, Nueva Zelanda y Malasia), nuestra primera separación física en dos años, aprender a hacer macramé, mi primer tatuaje, etc. Hemos pasado tanto tiempo en Bangkok que, últimamente, nos preguntábamos: “¿Hemos nacido aquí?” Pero todo llega a su fin, y ahora me dispongo a poner en palabras algunas de las vivencias que he mencionado antes, empezando por el final, por supuesto.

Barco pesquero

Hubimos de adelantar nuestra salida de Indonesia para encontrarnos con Almu, amiga del coro de la universidad (sí, yo era soprano), y Pablo, su chico, en Phuket y pasar unos días con ellos. Plan que hubo de ser modificado de nuevo cuando mis padres nos anunciaron que las únicas fechas en las que podían venir a visitarnos coincidían, de pleno, con las de Almu y Pablo. Así que nos las arreglamos para pasar, al menos, una noche con ellos. Para ratificar la Ley de Murphy, nuestro avión desde Yakarta salió con retraso y las tres horitas que podíamos pasar juntos se convirtieron en dos (Benjamín me llama exagerada, pero a mí me parecieron dos).

Con Almu y Pablo en Rai Leh

Os podéis imaginar que encontrarse con una amiga en el culo del mundo después de dos años sin ver una cara conocida es, cuando menos, emocionante. Y con tantas cosas que teníamos que decirnos y teniendo en cuenta que a ambas nos gusta hablar, una cena y un par de cervezas me supieron a muy poquito. Así que nos las apañamos para encontrarnos un par de días más tarde en Krabi. Ese día nos alegramos infinitamente de que Pablo fuese escalador cuando, en un paseo hasta una laguna que se nos había anunciado como “un poco empinado”, tuvimos que bajar tres paredes verticales descolgándonos por una cuerda. Preguntadle a Benjamín qué le pareció esta experiencia. Afortunadamente, el sudor y los resbalones sufridos en el barro no parecieron tan graves cuando llegamos a la Playa… ¿de la Princesa? (Almu, ayúdame aquí), una de las más bonitas que hayamos visto hasta ahora. Otra cena y otro par de cervezas y estábamos de nuevo despidiéndonos de los chicos. No sé quién narices inventó eso de “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, pero era un pringao. Afortunadamente, nos quedaban unos cuantos días con mis padres, que también volaron, y, de vuelta a Bangkok.

Benjamín pensando: “¿Quién cojones me mandaría…?”

¡Playa!

“¿Qué coño hacéis en Bangkok? Ya estáis tardando en venir para Koh Phangan”. Nuestras explicaciones acerca de la necesidad de que Benjamín no faltase a su cita en el dentista y de tener que tramitar los visados de algunos países a visitar después de Tailandia, no parecieron convencer a Emmy y a Julia, dos madrileñas que, aunque sólo las conocemos desde Nueva Zelanda, se han convertido en unas personitas bastante importantes para nosotros (chicas, si leéis esto, tampoco es para tanto, eh…). Y, si encima Emmy tiene casa en Tailandia, pues mejor que mejor. Así que allí nos fuimos, a su casa sin paredes en la jungla. Miento, los dormitorios sí tienen paredes, no así el resto de las estancias. Da una sensación genial de estar todo el día en casa y, al mismo tiempo, fuera, nueva para nosotros. Lo único malo de este interesante concepto es la fauna (insectos, en su mayoría) autóctona de Koh Phangan: el hecho de encontrarse un escorpión en tu balde de agua o un sapo venenoso intentando colarse en tu cama (benditas mosquiteras y, en realidad, qué majetes los sapos) no ayudaron a que mis primeras noches sin Benjamín en todo el viaje fuesen muy llevaderas.

Cocina y despensa en casa de Emmy

La parte de arriba, protegida de los mosquitos

Julia, Emmy y su amiga Patri conceden una importancia primordial a la buena alimentación y el ejercicio regular, así que aprovechamos para ponernos un poquito a tono con estiramientos matutinos y la supresión de una comida diaria (como estamos muy gordos ambos…). Aparte de esto, matábamos el tiempo hablando, viendo “Juego de Tronos” temporadas  1 y 2, haciendo pulseras, hablando más, yendo a la playa, viendo cuántas cosas y/o personas cabíamos en la moto, hablando aún mas, cocinando, urgiendo planes para llenar nuestros baldes de agua (nos pasamos casi todo el tiempo entre corte y corte) y, claro, hablando. Con ideas muy parecidas en la cabeza en algunas cosas y extremos totalmente opuestos en otras, se nos iban las horas dialogando, discutiendo, charlando, partiéndonos el eje y tirándonos los trastos a la cabeza. No sabéis cuánto las echamos de menos…

La casa vista desde fuera

Emmy y Marichi peluqueras

En Koh Phangan no hay mucho que hacer (aunque seguro que algunos, en su mayoría hippies y yoguis, consideran que es un sacrilegio decir tal cosa), pero su archiconocida Full Moon Party hace que cada mochilero en ruta por el sudeste haga su parada obligatoria en la isla, se pinte de fosforito, pierda la poca vergüenza que le queda y, con un cubo de los de hacer castillos lleno de cualquier mezcla alcohólica que os podáis imaginar, se eche a bailar a la playa en cualquier chiringuito con sus bafles 2×2 metros emitiendo música electrónica a tope. Nosotros siempre hemos renegado de la Full Moon y hemos jurado y perjurado que no iríamos, pero, qué coño, si coincide que tu novio está en Bangkok haciendo una visita al dentista con el fiestón más grande del sudeste asiático y tú estás con tres amigas sin nada mejor que hacer, pues habrá que ir, ¿no? Y aunque lo hicimos bajo el pretexto de: “Bueno, vamos una horita, nos reímos un poco de la gente y volvemos a casa”, no llegamos hasta las 7 de la mañana y, sí, nos lo pasamos bien, aunque la prenda de ropa más clara que llevásemos entre las cuatro fuese marrón y no fuésemos en bikini.

Full Moon Party

Puesta de sol desde el ferry hacia Koh Phangan

Teniendo todo esto en cuenta, pues claro que se me hizo un poco cuesta arriba tener que despedirme de Benjamín y de las chicas y poner rumbo a Koh Tao, donde había estado anteriormente con mis padres (en capítulos posteriores). Pero un poquito de soledad me vino genial y por fin pude llevar a cabo una de las ilusiones que tenía desde que salí de España, hacer el curso de submarinismo.

Mundo submarino

Si pasas cerca de ellos se esconden

Mi monitora era increíblemente profesional y, aunque la escuela no fuese la mejor en trato individual y nos llevasen siempre al mismo sitio a hacer las inmersiones, la sensación –tan parecida a volar- de estar a 18 metros bajo el agua hizo que mereciese totalmente la pena los petrodólares que nos costó el curso. Gracias a toda la gente que conocí en Koh Tao, me lo pasé genial con vosotros.

Escondido bajo los corales

Pez mariposa

Por cierto, el viaje en tren resultó ser de 24 horas.

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Responses

  1. Cuantos peces de colores, cuantas islas tropicales, cuantas palmeras meciendose, cuantas playas de ensueño, cuantas comiditas ricas, que temparatura marina, cuantas horas bajo el sol, cuantas plantas gigantescas, cuantos debates absurdos, cuanto arrastrar la maleta, cuantos ferrys .

    Que bonito país, que viaje inolvidable, QUE BUENA COMPAÑIA, tantas horas con vosotros y que rápido paso, a que poco me supo. El retorno JODIDÍIIIIIISIMO.

    QUIERO MÁS, QUIERO OTRA VEZ……..que a desmano estais.

    • Cada vez estamos mas cerca, menos a desmano. Ahora solo a tres horas y media de diferencia horaria. Nada.

      Dile a papi que se ponga a hacer los deberes, que es un vago.

      Soy Marichi.

  2. Jo, qué apetecible todo! Espero que a Benjamín le arreglasen toda la dentadura, recuerdo que alguna cosa pendiente me dijiste que tenía, pero no sabía yo que diese como para estar ¿una semana? (no me he enterado demasiado con tanto salto temporal) separada de él.
    Y qué decir de la visita de Almu, pues sencillamente que me hubiese encantado estar allí, pero eso ya lo sabéis. Aunque lo de la pared vertical, estoy con Benjamín, no es lo más apetecible del mundo, peero, todo sea por una reunión coral, por supuesto!!
    Un abrazo grande a ambos!

    • Pues estuvimos algo mas de un mes estancados entre Bangkok y Koh Phangan con la mamonada del dentista, casi nada.

      Tendrias que haber estado con nosotros en la escalada, para darle un poco de apoyo moral al nene.

      Que se sabe de las curvas que aumentan?

      • Ayba, que no te lo he contado, que es niño!!!! Surprise, surprise, porque aquí por costumbre ya hablábamos de las crías, y no van a ser uno de cada. La vida manda, claro!

  3. Pues sí,querida cuñada….ya era hora de que nos deleitaseis con vuestros relatos de otros mundos. Que sea la última vez que tardáis tanto,más que nada porque los que estamos aquí no vivimos todo esto en tiempo real y nos perdemos cronológicamente hablando….you know what i mean? Tenemos un lío que no veas…jajaja. Oye,preciosas las fotos y la choza de vuestras amigas,ya me gustaría a mi tener algo parecido cerca de la playa de Mera(por ejemplo). A ver….amigos,familia,playa,paredes verticales,peces de colores….ah! Y el tatoo? Quiero verlo!! . Benjamín,que se hizo en el pelo? No se lo habrá cortado al estilo futbolista hortera,no?
    Bueno guapa,mucho más tranquilos nos quedamos sabiendo que seguís siendo felices,porque nos hacéis felices a nosotros y la distancia parece menos.
    Un abrazo muy grande.
    (Marcos se acuerda mucho de vosotros).no habéis visto en video de las buenas noches?

    Hasta pronto.

    • En la playa de Mera una casa sin paredes creo que no triunfaria mucho: ni encenderse un cigarrillo se podria!

      Lo del corte de pelo de tu hermano estuvo bastante gracioso, porque lo llevaba al estilo clic de Playmobil (muy suyo) y para quitarselo nos dejo que le hiciesemos lo que quisieramos: una por cada lado. Ahora ya se lo ha rapado y no se le notan tanto los trasquilones que le dejamos.

      Hemos visto el video y algunas fotos de los dibujos que hace; vaya artista el enano.

      Besos para todos.

  4. ya echaba de menos vuestros relatos ;P

    abrazos kiwis!

    • El otro dia volvimos a cruzarnos con unos viajeros fieles seguidores de vuestro blog. Sois unos cracks, nenes, referencia viajera de todo el pais. Oye, como va todo? Seguis en Auckland? Vale, vale, ya me meto en el blog.

  5. Guapos!!!
    A nosotros tambien nos encanto!!! Que bien lo del submarinismo, nosotros vamos a mallorca el proximo finde, no es lo mismo pero…
    Que bonitas las fotos, gracias por acordaros de nosotros.
    Queremos ver tu tatuaje,jeje
    Nos vemos por el mundo! Muchos besos

    • Mallorca, Lanzarote, Tailandia… Luego decis de nosotros!

      No veais si me dolio el maldito tatuaje!

  6. pero qué guapísimos!!!!!! Besos!!!!


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