Posteado por: Marichi | 7 noviembre, 2012

Surfeando las vías en Myanmar

Y del país más turístico del sudeste, al más misterioso y desconocido: Myanmar, la antigua Birmania. Un país con mucho que ofrecer, a pesar del boicot turístico internacional que se le hace: boicot hipócrita, en mi opinión. Sí, Myanmar tiene un gobierno corrupto, es un país en el que no se sabe lo que pasa –o lo que no pasa-, donde se cuentan las violaciones de derechos humanos a millares, manejado durante décadas por un grupo de militares –a la luz o en la sombra- sedientos de poder y de dinero, y así se podría seguir hasta la infinidad. Los que me conocéis bien, sabéis que yo soy la primera en apuntarme al carro del boicot (a grandes empresas, a organismos de dudosa moralidad y a cualquier hijo de puta en general), pero, ¿a quién estás boicoteando realmente cuando dejas de visitar un país?, ¿por qué Myanmar en particular y no otros tantos países del mundo con gobiernos lamentables?, ¿no será preferible mirar bien a dónde va tu dinero para que no caiga en manos equivocadas y ayudar a la gente de a pie?, ¿nos habría gustado que, durante el franquismo, se hiciese un boicot a España y nos sumiesen en el olvido? En general, al viajar, Benjamín y yo buscamos entender la dinámica del país en el que estamos, saber cómo son sus gentes y por qué son así, objetivo frustrado en la mayoría de las ocasiones, vamos, que nos sale el tiro por la culata. El caso es que yo creo que es mejor acercarse a aquellos lugares en los que hay conflicto y enterarse; hasta donde la barrera lingüística, cultural y temporal te lo permite; de qué narices está pasando. No sé si me explico. En cualquier caso, cada vez que he intentado encontrar la razón del boicot a Myanmar: buscando en Internet, preguntándole a la gente, etc., la respuesta era siempre: “Para no darle dinero al gobierno”. Caramba, voy a tener que repasar mi lista de “Países que quiero visitar” para que se ajuste a ese criterio, no sé si quedarán un par de decenas en pie.

En una tetería, nosotros reflejados en el espejo

Pero pasemos a cosas más mundanas. Aterrizamos en Yangón una calurosa mañana de septiembre. Fuimos en avión porque es la única forma legal de entrar en el país, aparte de eso, las zonas del país abiertas al turismo están delimitadas y tienes que llevar desde fuera todo el dinero que tengas pensado gastarte en Myanmar en billetes de dólar nuevecitos y planchados (el chico de la cola que nos vio cambiar toda esa pasta en Bangkok pensó que estábamos forrados, como si llevásemos ese dinero en el bolsillo siempre, y se nos pegó cual lapa: que si me cambiáis este dinero, que si me pagáis el taxi…). El caso es que no pensábamos pasar en Yangón más que un par de días para ver un par de cositas y seguir ruta, que teníamos el tiempo limitado, y no íbamos muy desencaminados cuando pensamos que Yangón no sería una ciudad muy bonita…

Tribunal Supremo, Yangón

En un puesto de la calle

Andamiaje “typical Asian”

El cambio con otros países del sudeste fue radical. De repente me pareció estar en India, o la imagen mental que yo tenía de India entonces (escribiendo esto desde India puedo decir que esa imagen se parece levemente a la realidad). El tráfico, las calles, los templos, los edificios, la vida callejera, la comida, hasta ellos son físicamente distintos. Para mí, que llevaba semanas necesitando un cambio, fue como brisa fresca. Tenía sensación de estar en lo desconocido otra vez y es que, me ratifico, hemos pasado mucho tiempo en Bangkok.

Nuestra habitación es la de encima del cartel

Acogedora imagen urbana

Desde nuestra pensión

Lo cierto es que los edificios coloniales que permanecen desde la época británica y el par de mercados que hay en la ciudad no entran en la categoría de “Sitios que visitar antes de morir”; pero aunque sólo los aficionados a la arquitectura antigua y los viciados del “Civilización” hayan oído hablar del Shwedagon Paya -el templo más importante del país, que todo devoto budista birmano ha de visitar una vez en la vida-, en un viaje a Myanmar la visita es obligada. Nosotros fuimos durante el atardecer, por aquello de evitar las horas más calurosas del día, y no pudimos haber tomado una decisión mejor, porque las luces por la noche son alucinantes. Se nos pegoteó un aprendiz de guía que hablaba un español horrendo y muy gracioso, pero que nos enseñó el punto exacto desde el que se puede apreciar cómo van cambiando los colores que refleja el diamante que está en la cúpula de la pagoda a medida que vas dando pasitos hacia atrás.

Shwedagon Paya

Devotos y no tan devotos, como nosotros

Luna lunera

Conseguir comprar un billete en tren a Kalaw, nuestro siguiente destino, no fue tarea fácil. Después de llegar al punto de venta de billetes, de que un trabajador de allí me acompañase 10 minutos andando hasta la estación y me explicase el sistema de compra de billetes, de leer los precios para turistas (hasta 10 veces más por el mismo billete) que tenían expuestos en inglés, de pasar por todos los mostradores de dicha estación, de hablar con la mitad del personal, de esperar a no sé qué en una silla con tres patas dentro de la garita del venta al público, etc., conseguí dos datos: que el tren salía a las diez y que tenía que comprar el billete el mismo día; la duración del viaje fue una incógnita hasta nuestra llegada a destino y el hecho de que teníamos que cambiar de tren a mitad de trayecto no nos fue informado hasta cinco minutos antes de llegar a la estación en la que debíamos cambiarnos. Más vale tarde que nunca, ¿no?

El viaje en tren resultó ser el peor y el mejor de todos los que hayamos hecho en estos dos años. Dejando de lado nuestros ideales, compramos un billete de “clase superior”, ya que la idea de pasar un número indefinido de horas en unos bancos de madera no nos resultaba muy atractiva. Al llegar al vagón no dábamos crédito, si aquello era “clase superior”, ¿cómo debía ser la otra? Todo estaba roto o cayéndose a pedazos; paredes, ventanas y asientos cubiertos por una densa capa de mugre; ese olor característico de baño de tren ya hacía un fuerte acto de presencia antes de empezar el viaje, etc.  Pero lo peor llegó una vez iniciado el trayecto, y es que ya habíamos leído que los viajes en tren en Myanmar podían ser algo “moviditos”, pero la magnitud de los saltos que pegaba el tren sólo era comparable con mi certeza de que íbamos a descarrilar. De aquí el nombre de la entrada, y es que lo que los pasajeros hacíamos para evitar dejarnos la rabadilla en el asiento cada vez que el tren entraba en modo “ataque epiléptico” era incorporarnos, agarrarnos a algo y dejar que nuestras rodillas lidiasen con el meneo. Todavía tengo la imagen grabada en la retina del niño que llevaba en brazos la mujer de enfrente, cuya cabeza parecía que se le iba a separar del cuerpo en cualquier momento con tanto salto. Las visitas al baño eran una pura odisea, había que intentar acertar en el agujero con las sacudidas del tren, la linterna en una mano (no había luz eléctrica en todo el tren) e intentando no tocar nada en un cajón de un metro cuadrado; os aseguro que el olor era lo de menos. Por cierto, mi asiento tenía pulgas u otros insectos que me dejaron la espalda y los brazos cual colador.

Vista del tren desde la ventanilla

A las doce horas, nos hicieron cambiar de tren, con la promesa de que este nuevo no se movería tanto, ¿sería cierto? Pues debió serlo, porque me tumbé entre dos asientos y amanecí a las seis de la mañana con el tren viajando a ¿10 km/h? por un valle con unas vistas increíbles. Nos desviábamos para parar en aldeas que no debían tener más que unos cientos de habitantes y luego volver a la ruta principal. Y en estas últimas horas de trayecto, alucinando con el paisaje, las luces, la naturaleza, las gentes; se nos olvidaron las clases de surf forzadas de apenas unas horas antes.

Vendiendo semillas de betel, el “vicio” birmano

Vista desde el tren

Una estación cualquiera

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Responses

  1. Hola, viajeros!
    Me encantan las vistas que teníais desde la Mahabandoola Guest House!!
    Espero que no le cojáis gustillo a lo de “acercarse a lugares en los que hay conflicto” y, sin daros cuenta, salgáis de la India y os metáis en Pakistán y Afganistán, que por allí hay festa rachada.
    ¿Qué tal los Srilankeños?¿Cuándo un post sobre ellos?
    Contamos los días que faltan y cantamos la canción del turrón del Almendro…(vuelveeee, a casa, vueeeeelveee, por Na-vi-daaad…)
    Abrazos.

    • Los srilankeños bien, pero los birmanos molan mas.

      Lo de Pakistan, porque no hay mas pasta, que si no… Dicen que las pensiones-cueva estan muy baratas.

      Menos cantar y mas empezar a preparar comiditas, que tenemos muchos kilos que recuperar.

  2. Muy chula la imagen del tren, aunque fuese tan incómoda…
    Por cierto, Myanmar perteneció entonces a los británicos en la época de la gran India? Tiene pintilla india total, en las fotos…y sí, los cambios gustan!

    • Si, Pegatinilla, tambien Myanmar formo parte del Imperio. Y si que tiene cosas en comun con India (por lo poco que hemos visto de India hasta ahora…), pero a su manera…

      Por cierto, estamos en Kodaikanal, vamos a coger ahora un taxi para pasar diez dias en Bodhi Zendo. En vaya lios me metes… Jejeje.

  3. Después de leer tu introducción (con la que estoy muy de acuerdo) me he metido en wikipedia para culturizarme un poco y de las muchas cosas que dice he leido un par. 1º que en marzo de 2011 se disolvió la junto militar ( entonces ahora se han reconvertido a políticos ¿?) y 2º, en unas manifestaciones que hubo en 2007 debido al incremento de los precios de gasolina y demás, encabezados por los monjes budistas (mira, en este país hacen algo más a parte de jugar a la play2 y pedir comida por las mañanas jajaaj) después de avisar (que detalle) abrieron fuego y se cargaron a unos cuantos manifestantes.
    Es verdad que muchas veces los países llamados “democráticos” alzan la vos en contra de casos como el Birmano denunciando el trato que se le hace a sus ciudadanos y la escasa libertad de expresion que tienen pero y en España? no quieren hacer ver que tenemos una democracia pero cuando miles de personas salen a la calle a manifestarse pacificamente el gobierno mira para otro lado, saca a los antidisturbios y a lanzar pelotas de goma y gases lacrimogenos… para mi solo hay una diferencia entre Birmania y nuestro pais, que de momento en España no se mata a los manifestantes, solo se les mete en la carcel por opinar en voz alta pero tiempo al tiempo…

    uaaaa como me enrollo! jajaja
    me ha encantado el post y por lo que veo se sigue usando el Tanaka!

    Preciosa la imagen de la cabecera chicos!
    Besos!

    • Bueno, yo no diria que la situacion birmana se asemeja a la espanhola, aunque si que es cierto que en algunos temas es para darnos de comer aparte. Tampoco digo que no haya que denunciar abusos y falta de libertades, que no quiero ser la vecina que mira para otro lado. Lo que me enervo del tema de Myanmar fue lo del doble rasero y la certeza de que detras de todo esto se encuentran, de nuevo, nuestros amiguitos yanquis.

      Si, ahora en Myanmar hay “democracia” (la misma penha con distintos trajes) y, si, la oposicion contra el gobierno la lideran principalmente los monjes, que por otro lado, cortan el bacalao socialmente y la gente los adora (o esa sensacion nos dio a nosotros).

      En cualquier caso, Birmania: increible. Ahora estamos en India. A currar, viajeros!

  4. Ejem… Desde luego acabaste hasta los mismos del post, ¡porque lo cortas en seco tronca! 😛

    No he podido evitar acordarme de esas 13 horas de autobús, en plena época universitaria maligna, con esa música “molona” y esas compis estupendas alrededor… Ays!!! Que me pongo melancólica… Vamos, ¡uno de los malos! 🙂

    — ¿Ves esa tía?
    — Sí, ¿qué pasa?
    — Asegura poder volar y tener una superfuerza.
    — ¿que va, de heroína?
    — Por lo que se ve, hasta el culo.


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